No sabemos si reír o llorar
Los ciudadanos no sabemos si reír o llorar. En la escena teatral política nunca han contado los principios, ni las ideologías, ni las plataformas de los partidos y mucho menos la ética; todos son iguales; dije todos. Lo único que cuenta son las conveniencias del momento, cómo jalar más votos y cómo ganar, el precio que se pague es lo de menos, reinan los arreglos sucios de todos calibres; es normal, inclusive, esperar pactos de Dios con el diablo.
En otras épocas no sé sí se podría pensar en alianzas políticas de la izquierda con la derecha, estoy pensando en dos de los Siete Sabios: don Manuel Gómez Morín con don Vicente Lombardo Toledano. Imagínelos usted haciendo pactos en lo oscurito, debajo de la mesa o compartiendo sábanas y alcoba. Si ellos vieran los tiempos que estamos viviendo se retorcerían o se levantarían de sus tumbas y tratarían de enseñarnos principios de ética política.
Cuando se iniciaba este sexenio, las posturas del PRD y el PAN estaban llenas de odio y era inimaginable una reconciliación, había descalificaciones de todo tipo de amarillos contra azules y viceversa.
Camina el sexenio y empieza a acumular triunfos políticos aquí y allá la maquinaria tricolor; surge la preocupación fundada del incontenible regreso del PRI a Los Pinos, y no les queda otra a los amarillos y azules que olvidarlos agravios del arranque del sexenio para unirse y compartir amoríos.
En tiempos previos a la elección presidencial calderonista, se fractura el PRI y sale del partido Elba Esther; busca afanosamente una alianza con López Obrador y éste se niega al diálogo y no le queda otra que pactar con los azules, con el consiguiente cobro de facturas, que son del dominio público.
Los azules ganaron la elección presidencial por un puñado de votos, lo que revela que la alianza con la maestra fue determinante para su éxito, sacando como conclusión que el pago de las facturas fue barato y un magnífico trueque político en su momento para los azules.
La diabólica maestra busca reinstaurar su alianza con sus amigos de siempre; la cabra tira al monte y a unir al PRI y al Panal para la grande; muy a su estilo pretende pasar las primeras facturas al PRI, pidiendo de arranque cuatro senadurías, entre ellas una para su hija y otra para su yerno, y veinticuatro diputaciones federales. De entrada pactan y al tiempo aborta la alianza porque provocaría una rebelión en el tricolor, por lo menos ésa es la versión oficial. De ahí, la diabólica sale en busca de Ernesto Cordero, que es el único de los tres azules que no niega la posibilidad de una reconciliación.
Que Dios los agarre confesados a todos el día que les toque rendir cuentas al Creador, que al fin de cuentas en política todo se vale.
Ni modo, al tiempo tendremos que votar por alguien, por el menos peor de los que hay.
El Justiciero
