Terror a mal uso del conocimiento científico
René Anaya
Como en una novela de ficción científica, los agentes de seguridad de Estados Unidos pretenden evitar que se difunda la información científica sobre el virus de la gripe aviar, que consideran podría servir para realizar actos de bioterrorismo.
Todo comenzó en septiembre del año pasado, cuando un grupo de investigadores envió a las revistas arbitradas Science, de Estados Unidos, y Nature, de la Gran Bretaña, artículos en los que informaban de sus trabajos sobre las mutaciones que debería sufrir el virus de la gripe aviar, el A (H5N1), para poderse transmitir con facilidad entre los seres humanos.
El virus que vuela por el mundo
Esa información es trascendental, porque permitiría saber cuáles son los controles que se deben tener en las granjas avícolas, si las mutaciones del virus evolucionarán hacia la transmisión entre humanos; asimismo, los gobiernos de países con aves infectadas podrían tomar medidas drásticas, como sacrificar su población avícola o emitir alertas sanitarias a la población. Pero sobre todo, se podría avanzar en la búsqueda de vacunas contra ese virus.
Sin embargo, hasta ahora ha podido más el temor a que grupos de bioterroristas pudieran hacer uso de esa información para crear virus mutantes que hipotéticamente lanzarían en contra de la población estadounidense o de sus aliados. El 17 de febrero se ratificó la decisión de aplazar por 60 días la publicación de esos trabajos, en tanto se decide qué información y cómo se deberá difundir.
Por ahora, lo que se sabe es que en 1997 una variedad del virus A (H5N1) inició su larga cadena de mortandad. Primero murieron pollos y posteriormente falleció una veintena de seres humanos en Hong Kong, donde se optó por exterminar todas las aves (1.5 millones) portadoras del virus. Sin embargo el esfuerzo fue en vano, en 2001 surgió en Hong Kong otra cepa mortal del virus, por lo que sacrificaron a todas sus aves, pero un año después apareció otra variedad del virus.
Año tras año, este virus intercambió genes con otros virus de la gripe aviaria hasta generar una gran variedad del virus, que se ha propagado por el sudeste asiático. En diciembre de 2003 se presentaron los primeros casos en aves de corral y al año siguiente aparecieron nuevas víctimas humanas de esta enfermedad, lo cual puso en estado de alerta a la Organización Mundial de la Salud y a las autoridades sanitarias de los países afectados.
Se sospecha que las personas contraen la enfermedad por el contacto directo con las aves, pues estas excretan el virus en sus heces, el cual se seca y pulveriza, por lo que puede ser inhalado por los seres humanos. De esta manera, la cadena de infección pasa necesariamente del ave al ser humano, no de una persona a otra como sucede con otros virus de la influenza A.
El virus del terror
Si bien hasta ahora no se ha propagado este virus de manera directa entre humanos, existe el temor de que tenga una mutación y pueda transmitirse de un ser humano a otro, lo que podría causar millones de muertes. Ante esa posibilidad, los científicos encabezados por Ron A. M. Fouchier, del Centro Médico Erasmus en Rotterdam, Países Bajos; Yoshihiro Kawaoka de la Universidad de Tokio, Japón; y Adolfo García-Sastre de la Escuela de Medicina Mount Sinai, de Nueva York, Estados Unidos, se dieron a la tarea de investigar las mutaciones que serían necesarias para que el virus se transmitieran entre humanos.
Los investigadores encontraron, por medio de la ingeniería genética, cinco mutaciones del virus A (H5N1) que facilitan su transmisión entre hurones. Estos mamíferos son un modelo animal en el que los virus de la influenza se comportan de una manera muy semejante a como lo hacen en el ser humano.
La difusión de los resultados de esas investigaciones permitiría a grupos de expertos en el mundo descubrir los mecanismos de contagio y, eventualmente, obtener una vacuna para aves y para seres humanos. Pero el virus del terror inoculado en el gobierno estadounidense es más poderoso.
Los expertos del Comité Estadounidense Asesor sobre Bioseguridad (National Science Advisory Board for Biosecurity) han señalado que el trabajo se deberá publicar si se omiten “los detalles metodológicos que permitirían replicar los experimentos a personas que busquen hacer daño”.
El terror al mal uso del conocimiento científico, generado por la política intervencionista estadounidense, podría iniciar una escalada de prohibiciones que podría conducir a un oscurantismo científico, que si bien no impediría el avance de la ciencia sí retrasaría su desarrollo y la difusión de sus investigaciones.
Aunque se conoce que ni las prohibiciones ni las moratorias han impedido el progreso del conocimiento científico, sí preocupan a muchos miembros de la comunidad científica los controles que pretende establecer el gobierno de los Estados Unidos. En este caso específico, Ron A. M. Fouchier ha planteado: “Al comparar la amenaza actual del bioterrorismo y nuestra experiencia en el pasado con la amenaza de gripe, podríamos decir que la naturaleza misma debería ser considerada la principal bioterrorista”.
reneanayas@yahoo.com.mx
