Vicente Francisco Torres

Tengo en mi escritorio los dos primeros números de 2012 de la revista Algarabía. He visto que profesionistas y lectores en general se zambullen con fruición entre sus páginas en busca de sus temas centrales —el de enero es Asesinos seriales; el de febrero, Castillos—, de trivia, de información para gente culta y de ilustraciones atractivas. Algarabía, me parece, es un modelo de revista porque no es muy especializada ni cae en las banalidades que manejan las revistas excesivamente comerciales. Se vende en librerías y puestos de periódicos.

A juzgar por sus anunciantes, es una revista independiente porque no aparecen patrocinadores obvios. Sus colaboradores, además, son diferentes a los que llenan —llenamos— las revistas con más años en el mundo de las publicaciones periódicas. El hecho de que no se repitan los mismos colaboradores hace pensar que solicitan los artículos a personas especializadas en las investigaciones que entregan.

Sus apartados que tocan temas sobre lenguaje son verdaderamente loables pues aclaran dudas de personas no versadas en etimologías o en los hechos culturales que dieron origen a las palabras.

Entre los temas del número de enero, resulta especialmente atractivo, y también escalofriante, el artículo sobre la bibliopegia antropodérmica, es decir, el uso de la piel humana para empastar libros. El recuadro de trivia sobre Eliot Ness destaca una paradoja poco conocida que los actuales políticos (gobernantes es mucho decir) mexicanos no deberían echar en saco roto: al concluir la prohibición, el líder de los Intocables desempeñó trabajos insignificantes y murió, a los 54 años de edad, víctima de un infarto. Se había convertido en un gran bebedor.

El tema central del número de febrero, Castillos medievales, además de lo interesante del tema, destaca por la calidad y la cantidad de sus ilustraciones.

Dos ejemplares verdaderamente placenteros.