A MI AMIGO LUIS JAVIER GARRIDO:
Con la gran carencia de valores que padece México, tu partida constituye una enorme pérdida. Porque fuiste poseedor de una cualidad que es muy escasa: la congruencia. Actuaste siempre en consonancia con lo que pensaste y dijiste. Por supuesto, pagando el correspondiente costo.
La demagogia es regla entre nosotros. Por desgracia, no sólo los políticos mienten por costumbre. Casi todos en el discurso son honestos y están comprometidos con la verdad y la justicia, pero resbalan a la hora de los hechos. Tú sí fuiste ambas cosas, a pesar de que hubo que pagar la cuenta.
Antes de conocerte personalmente, leí tu libro sobre el sistema político mexicano, basado en tu tesis doctoral en La Sorbona. No era sencillo escribir acerca del Leviatán que pareció terminar en el 2000, y que hoy amenaza con volver gracias a la inutilidad del panismo y la debilidad de la izquierda. Y también a la corrupción generalizada de la casta hegemónica.
Por ser hijo de un rector de la UNAM, podrías haberte acomodado fácilmente en el sistema. Te hubiesen considerado como uno de los suyos cuando te habituaras a mentir y a esquilmar el erario. Sólo que optaste por la trinchera de la lucha social y ahí permaneciste hasta el final.
Tu paso por las facultades de Derecho y Ciencias Políticas y Sociales dejó profunda huella. Quienes tuvieron la fortuna de escuchar tus lecciones, resultaron beneficiarios de tu claridad y tu erudición. Nunca presumías, aunque te sobraban conocimientos y capacidad de argumentación.
Tus decálogos en La Jornada no tienen desperdicio. Tuviste la capacidad de síntesis y de claridad en la exposición. No se podía dudar de lo que querías decir, porque lo dijiste siempre claro y fuerte. Para que todos escucháramos, sobre todo los del poder.
Te encontrabas en una etapa de plena productividad. Tu visión de la realidad nacional ayudó a muchos de nosotros a entender complejos fenómenos sociales. No perdías el rumbo, como si trajeras tu brújula en el bolsillo del saco.
Mis mejores recuerdos de ti, están vinculados a las luchas estudiantiles por la transformación democrática de la UNAM. Te formaste siempre del lado de los jóvenes, incluso comprendiendo sus debilidades. En lugar de reclamarles, tenías la paciencia de ayudarles a corregir.
Las movilizaciones del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) fueron contra el “Plan Carpizo”, que pretendía aplicar los postulados de la “Revolución Educativa” en la Máxima Casa de Estudios. En esa etapa te incorporaste, con algunos de nosotros, al Consejo Académico Universitario (CAU). Lamentablemente, el Congreso que de ahí se derivó devino en un fiasco.
Debido a ello, en 1999 resurgió la demanda de introducir la democracia en la UNAM y apareció el Consejo General de Huelga (CGH). Aprendidas las lecciones que llevaron al fracaso al CEU, el CGH funcionó con criterios de horizontalidad y de ocultamiento de sus liderazgos. Esa heroica generación frenó el “Plan Barnés”, que como su predecesor quería neoliberalizar nuestra Alma Mater. Por nuestra parte, recuerdo que nos agrupamos en la Asamblea Universitaria Académica (AUA).
Pero el precio fue alto: alrededor de mil presos, acusados por Juan Ramón de la Fuente, muchos de los cuales no han podido rehacer su vida universitaria. Entre ellos destacan los expulsados, a quienes aún no logramos reinstalar y para quienes debemos exigir la amnistía.
Cuando el cielo de esa lucha ensombreció y teníamos a nuestras muchachas y muchachos en los reclusorios de la capital, las filas de AUA enflaquecieron. Muchos intelectuales se habían retirado, argumentando que eran muy radicales las demandas estudiantiles. Y ahora, con la amenaza de represión generalizada, más exiguas fueron nuestras fuerzas.
Te recuerdo en esos momentos con nitidez: firme y con el mismo compromiso de siempre. De pie junto a mí en algún juzgado, asistiendo a las diligencias de algún joven acusado de subversivo. No tenías mucha experiencia en el litigio, pero te sobraba amor por la juventud rebelde.
Fui después director de tu campaña como aspirante a rector de la UNAM. Competimos a sabiendas de que los dados estaban cargados, pero con la finalidad de hacer públicas nuestras posturas y tesis en torno a la educación superior. Fue un brillante ejercicio de alta política, cargado de lecciones que nos dejaste.
Saludo tu memoria con el aprecio de siempre. Estarás con nosotros siempre que haya una lucha por la libertad y la democracia en la UNAM y en México.
Salud, admirado amigo.
José Enrique González Ruiz
México; D.F. a 20 de febrero de 2012.
