La amistad de dos grandes
Guadalupe Loaeza
En esta columna dominical no podíamos dejar de festejar que a dos maravillosos novelistas y grandes escritores de cine, Vicente Leñero y José Agustín, se les otorgara la Medalla de Bellas Artes el miércoles 21 de septiembre del año pasado, en la Sala Manuel M. Ponce. Gracias a la nota de Dora Luz Haw (Reforma, 22/9/11), nos enteramos que los dos novelistas se admiran uno al otro desde hace muchos años. Vicente Leñero dijo que tuvo el privilegio de leer el borrador de la novela De perfil, el libro que hizo famosísimo a José Agustín cuando apenas tenía 22 años. Por su parte, José Agustín dijo acerca de Leñero: “Yo tenía 18 años, empecé a leerlo y descubrí que la literatura tenía puertas en todas direcciones y que prácticamente eran infinitas”.
En el homenaje organizado por Bellas Artes, los dos autores se veían felices. Al final de la entrega, Agustín le dijo a Leñero: “¿Cambiamos nuestras medallas?”, a lo que el autor de Los albañiles respondió de inmediato: “Bueno”. Hace más de 40 años, ambos autores colaboraban en la revista Claudia. Un día, Leñero llegó a las oficinas de la revista, y José Agustín, jovencísimo colaborador que entonces hacía los horóscopos, dijo: “¿Está aquí el señor que es una mina de recursos literarios?”.
El primero de estos escritores que se dedicó a hacer guiones fue Leñero. En 1962, con Inés Arredondo y Hugo Argüelles, trabajó en una serie de televisión llamada Las momias de Guanajuato, en la que aparecían Carmen Montejo y Ernesto Alonso. Como dijo Leñero: “Es cierto que la televisión me ha causado muchos dolores de cabeza, me ha fatigado, y en proporción al esfuerzo no me ha retribuido lo que yo hubiera querido”. No obstante, gracias a su trabajo como guionista escribió Estudio Q (1965), novela sobre un personaje que quiere salirse de su guión de televisión.
Entre las películas que Leñero ha escrito, no debemos olvidar su adaptación a El crimen del Padre Amaro, la novela de José María Eça de Queiroz, autor portugués del siglo 19. Debo confesar que muchas veces había escuchado de esta historia porque era de las novelas favoritas de mi padre. Aunque se trataba de una obra de crítica social escrita hace más de un siglo, la capacidad que tiene Leñero de dar vida a los personajes y a sus conflictos hizo que los miembros de Provida se pararan en la entrada de los cines para impedir a la gente que entrara a ver la historia de amor y remordimientos que protagonizaban Gael García y Ana Claudia Talancón. Leñero nunca había tenido tan buenos publicistas como los miembros de Provida.
Tampoco hay que olvidar que con las 20 películas que ha escrito ha ganado cuatro Arieles y que, además, varias de sus novelas han sido adaptadas al cine. No puedo dejar de mencionar el trabajo que hizo con el cuento que dediqué a una de mis grandes obsesiones: la historia de Miroslava. Leñero escribió una adaptación muy personal de esta actriz tan enigmática, con la cual Alejandro Pelayo hizo una película que ganó 10 premios. Además, en esa cinta participó Arielle, quien trabajó con mucho empeño en esta cinta, pues se identificó enormemente con Miroslava. Recuerdo que Miroslava se estrenó en el Cine Latino y que la fotografía estuvo a cargo de Emmanuel Lubezki, un camarógrafo excepcional que mostró gran capacidad para captar el mundo de la actriz.
En cuanto a José Agustín, podemos decir que uno de sus grandes admiradores fue nada menos que José Revueltas. En una ocasión, Revueltas le dio a José Agustín una idea general de cómo escribir el guión de su novela El apando. Con esa sola idea, José Agustín escribió una de las películas mexicanas más admiradas. El apando, dirigida por Felipe Cazals, se estrenó en 1976, con la actuación de María Rojo y Delia Casanova, entre otros. Pero quizá lo que más acercó a José Agustín con el cine fue que en esos tiempos fue novio de Angélica María. Para ella escribió dos películas, Cinco de chocolate y uno de fresa y Alguien nos quiere matar.
Con razón, cuando escribió su libro La nueva música clásica (1972), José Agustín le dedicó unas palabras sumamente elogiosas: “Angélica María es un caso insólito en este medio conformista. En la actualidad es un modelo de artista que avanza a pasos agigantados, pues sabe qué puede hacer y está dispuesta a hacerlo, que revolucionará en esencia nuestro medio”.
Uno de los gestos más generosos de José Agustín es precisamente el espacio que le dedica en su libro Tragicomedia mexicana a la película basada en la obra de Leñero, Los albañiles, la cual ganó el Oso de Plata del Festival de Berlín en 1977. Dice José Agustín que hasta entonces Leñero estaba relegado por el medio intelectual porque sólo era considerado un “autor de telenovelas”. Cuando esta novela ganó el premio Biblioteca Breve, en 1963, los intelectuales de entonces ignoraron la ceremonia de premiación. “Malentender, rechazar y después ningunear a Vicente Leñero significó uno de los puntos más débiles de la para entonces mafia literaria”, escribió José Agustín.
Finalmente, hay que decir que la medalla de Bellas Artes ha sido otorgada no nada más a dos escritores excepcionales, sino que fue otorgada a una amistad de muchos años. Aunque no nada más es una amistad de dos autores, es una amistad de dos grandes escritores con el cine de nuestro país.
