¿Retomará la ruta que le dio prestigio?

René Avilés Fabila

Me sorprenden muchas cosas de la política nacional. En principio que el PRI esté en la antesala del regreso a Los Pinos. Que a pesar de las aversiones que padece, en especial en el Distrito Federal, hoy tenga tanto capital político en sus manos.

Me desconcierta la volatilidad existente en el PRD, la facilidad con que sus dirigentes cambian de opinión. Jamás acabarán de convencerme las mentiras de Andrés Manuel López Obrador y la demagogia que tanto éxito le ha dado.

No deja de llamarme la atención que el PAN, un viejo setentón, hoy, en el poder, sea incapaz de una acción sensata. ¿Algún día sabrá qué es la política, para qué sirve, cómo se lleva a la práctica? En dos sexenios ha mostrado su absoluta incapacidad, no digamos para transformar la vieja estructura sino para simplemente trabajar desde ella, moverse en instituciones que deben conocer, pues fue uno de sus más tenaces críticos.

Pero de todo ello, existe algo que me desconcierta más: una, ¿por qué al priismo de hoy la cultura no le interesa, cuando, junto con la educación, fue su gran tarea? Si somos realmente objetivos, no podemos dejar de reconocer que en estas dos materias, hoy al garete y en las peores manos, el PRI tuvo momentos notables.

Miguel Alemán, un villano histórico, fue el creador de una obra magna: la Ciudad Universitaria; en su libro de memorias, olvidado también, narra en muchas páginas el entusiasmo que lo poseyó.

Carlos Salinas, otro malvado para muchos mexicanos, se rodeó de intelectuales: Octavio Paz, Víctor Flores Olea y Héctor Aguilar Camín, por ejemplo, y con ellos creó el Conaculta. Antes, Luis Echeverría, un canalla más en la lógica popular, apapachó a los intelectuales al grado de llevarlos a viajes internacionales, como fue el célebre “avión de redilas”, donde lo acompañaron a Buenos Aires poco más de cien intelectuales.

De pronto se acabó el amor. Los escritores y artistas votaron masivamente por Cuauhtémoc Cárdenas y hoy están al servicio de López Obrador, que en su vida ha leído un libro.

En el PAN no existen los intelectuales, pese a que fue fundado por uno, por Manuel Gómez Morín. Hoy Carlos Fuentes se burla del PRI de Enrique Peña Nieto, y deja de lado que alguna vez fue embajador de Echeverría en Francia y que siempre, como Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Fernando Benítez, José Emilio Pacheco y docenas más, fueron privilegiados por el poder priista, encumbrados, glorificados.

Todavía Francisco Labastida llamó a docenas de intelectuales y académicos para que le ayudaran a construir un proyecto cultural. Vicente Fox, quien lo derrotó en las urnas, desde el principio mostró su desprecio por los intelectuales y para colmo puso en Conaculta a una locutora fallida, Sari Bermúdez. Felipe Calderón, para no ser menos, decidió nombrar a una recomendada de Elba Esther Gordillo, Consuelo Sáizar, quien carece de obra y maneja arbitraria y groseramente la institución.

Peña Nieto ya arrancó la campaña presidencial y su mayor titubeo fue demostrar que en su vida no hay tres libros fundamentales. A su lado, no se ven figuras de las ciencias y artes, de la cultura y la educación. El PRI designó a Beatriz Pagés, en el ámbito cultural, pero no le concede los recursos necesarios; ella, estrechamente vinculada a la educación y la cultura, sabe a causa del periodismo que ejerce desde niña que son pilares del desarrollo de un país.

Luego del tropiezo de la FIL de Guadalajara, y de ver que López Obrador ya adquirió intelectuales orgánicos y está formando “Morena cultural”, ¿no ha pensado el PRI en retomar la ruta que una vez le dio prestigio y alto nivel?

 

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