Claudio R. Delgado

 Felipe Garrido (Guadalajara, 1942), es un personaje con el que mantengo una amistad entrañable. Él y Rafael Solana, son los dos únicos escritores con los que he cultivado, lo que podríamos llamar, una verdadera amistad.

 He tenido el gusto de conocer a otros hombres de letras de manera personal. A José Emilio Pacheco, a José Agustín, a Guillermo Samperio; a Andrés Henestrosa, lo visitaba yo de manera constante en su despacho que tenía en las calles del Centro Histórico, cerca del metro Allende; a Emmanuel Carballo lo vi un par de veces en su casa de El Contadero, en Cuajimalpa, y fue él quien escribió las solapas a mi libro: Crónicas de Rafael Solana, el cual fue reeditado en 1997 por la Universidad Veracruzana. A Miguel Capistran, también crítico e investigador literario, lo conozco y mantengo una buena relación con él. Con Álvaro Mutis, llegué a tener solamente, platicas telefónicas. Estuve una vez en su casa, para entrevistar a Santiago Mutis Durán, su hijo, poeta colombiano; a Martha Robles (escritora) la conocí cundo el Fondo de Cultura le público un bello libro titulado: Los pasos del héroe, sobre el cual yo escribí en el entonces suplemento dominical de Excélsior, Arena. Supongo que mi crítica a su libro, fue de su agrado, pues me invitó a comer una tarde a su casa, y me di cuenta de que es además de inteligente, una mujer de un extraordinario sentido del humor. Pero con ninguno de estos personajes he tenido una cercanía y amistad como con Garrido y Solana.

Debo decir, que mi apego con Felipe Garrido, de alguna forma, la debo a Don Rafael, y es que fue precisamente cuando Garrido era director de Publicaciones de Conscults, que nació nuestra amistad.

En ese entonces promovía yo la reedición y valoración del trabajo literario de Solana. Al acudir a pedir el apoyo de Publicaciones, me encontré con un Felipe Garrido, dispuesto a apoyar mi labor en favor de Don Rafael. Fue él, uno de los pocos que se interesó en la reedición de algunas cosas del escritor veracruzano. Recuerdo que por ordenes del mismo Garrido, se incluyó a Solana en la edición de una serie de bellos, muy bellos carteles conmemorativos, en los que aparecieron fragmentos de las obras más representativas de algunos escritores (recuerdo el de Juan José Arreola) y poemas de otros como Ramón López Velarde, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, y por supuesto, de Rafael Solana, entre otros. Desafortunadamente, fue sólo durante el periodo en el que Garrido fungió como director de Publicaciones, que dichos carteles aparecieron.

Confesaré que pasado el tiempo, me di cuenta de mi error al haber seleccionado un poema muy poco representativo de Don Rafael, pues en lugar de que aparezca en ese cartel un poema titulado: Con medias palabras, debió de haberse publicado el bello: Poema del desprecio. El cual aparece en mi antología poética titulada: El poeta detrás de la sonrisa y que fue editado en el 2004 por el Consejo Nacional para Cultura y las Artes. El diseño de dicho cartel es de Carlos Palleiro.

Encuentro entre Felipe Garrido y Rafael Solana, algunas confluencias (y el termino es muy válido) o similitudes de personalidad. De entrada diré, que son dos personajes de una enorme bondad y humildad, que a veces sorprende.

Es común que dentro del mundo literario o de las artes en general, existan personajes chocantes y odiosos; seres engreídos que no obstante, haber publicado sólo algún librillo, se consideran o son considerados por los miopes críticos de la actualidad, los representantes cumbre de nuestras artes o de nuestras letras. ¿Ejemplos? Abundan. No los enunciaré por respeto. O bien aquellos que se creen o piensan que son los únicos “guías” o inventores de nuestra literatura, y que pertenecen a esos muy anquilosados grupúsculos de la sociedad de los elogios mutuos y que por tanto excluyen a los que no son parte de la mafia.

Felipe Garrido ha dado muestras, como en su momento lo hizo Solana, de sus cualidades como escritor, y de su enorme humildad. Yo he tenido el privilegio de trabajar con él, y me ha enseñado que es un hombre disciplinado, metódico en su trabajo; un escritor que vive para escribir, como Rafael Solana lo hizo durante toda su vida.

Siento un enorme gusto y me congratulo, además, al saber que por fin, Felipe Garrido ha sido designado premio Xavier Villaurrutia 2011. El galardón, que será entregado el próximo 27 de marzo, en el Palacio de las Bellas Artes, es una muestra de la constancia, de la pulcritud literaria y lingüística que posee Garrido.

El premio es por su libro titulado: Conjuros. Un bello volumen cuya portada nos recuerda la magnifica pintura de Remedios Varo o Leonora Carrington. Dos exponentes del arte surrealista.

Conjuros es una muestra de la elocuencia literaria y la maestría que posee Felipe Garrido para escribir el llamado “cuento corto”, termino que, por otro lado, he de decirlo, no comparto, pues me parce de entrada, un barbarismo; es un trabajo (como ya alguna vez lo dije en este mismo espacio) en el que el lector podrá pasear por un “mar” a veces tranquilo y manso, lleno de libertad y erotismo, sensualidad, de risa incluso; y otras veces encontrara océanos turbulentos, llenos de dolor, de angustia y recuerdos; añoranzas que hacen que Conjuros sea disfrutado desde cualquier forma que el lector prefiera, bien desde el inicio o desde el final, o desde donde el lector decida zarpar en sus páginas.

Felicito a mi amigo y maestro Felipe Garrido, y sin ningún empacho lo digo: me siento honrado de contar con la amistad de un ser humano cuya humildad lo engrandece.