Hay que hacer ejercicio y comer sanamente

Gabriel Gutiérrez

Los estereotipos de la vida moderna nos exigen tener cuerpos esbeltos, por lo que mucha gente busca este ideal, la mayoría no a través de cambios en la alimentación y ejercicio constante, sino que busca lograrlo sin realizar algún esfuerzo.

Esta es la razón del éxito de las “dietas mágicas” las que prometen que en tan solo un par de días se pude perder hasta 10 kilogramos. Actualmente existen muchas dietas populares que están al alcance de todos, ya sea en revistas, Internet, programas de televisión o simplemente transmitidas de persona a persona.

Entre estas dietas encontramos la dieta del Dr. Atkins, de la Zona, del Arroz, Beverly Hills, de la Luna, de un solo alimento y las que incluyen suplementos. Dichas dietas prometen ser mágicas, eficaces y  rápidas; el problema es que la gran mayoría no están científicamente probadas ni aceptadas, carecen de investigaciones que demuestren que son efectivas o seguras, principalmente a largo plazo.

Muchos de estos programas de alimentación  prometen ayudas como los parches contra el apetito, suplementos o tés, los cuales se apoyan en historias de personas sin ningún tipo de pruebas y promueven planes nutricionales sin la supervisión de nutriólogos o médicos.

Generalmente estas dietas se basan en restringir el consumo de un grupo de alimentos y aumentar otros.

Por tal motivo presentan riesgos a la salud; provocando debilidad, agotamiento, disminución del metabolismo, irritabilidad, deficiencias de vitaminas y minerales, pérdida de masa ósea, alteración del sistema inmune, estrés y depresión.

Al realizar este tipo de dietas no suministramos glucosa al organismo, por lo cual éste tiene que obtenerla de otros sitios, produciendo así cuerpos cetónicos (sustancias químicas del organismo), las cuales promueven la deshidratación; por lo tanto se baja de peso; sin embargo, las cetonas pueden ir al riñón y causar daños, algunos irreversibles. Nuestra dieta debe incluir mínimo 120 gramos de carbohidratos, para obtener la glucosa necesaria que se usa como energía diariamente.

Otra de las características de estas dietas es que proponen un elevado consumo de grasa, lo cual provoca un aumento en los valores de colesterol y triglicéridos en sangre, incrementando el riesgo de padecer enfermedades como diabetes, hipertensión o cardiovasculares.

Por otra parte, las dietas muy reducidas en calorías, al inicio producen una pérdida de peso que es resultado de dicha restricción; no obstante al poco tiempo se provoca un  “efecto rebote”, en el cual se recupera el peso perdido e incluso se llega a recuperar más.

De igual forma cuando nuestro organismo se encuentra frente a una disminución brusca en la ingesta de calorías (menos de mil 200 calorías diarias), se protege gastando menos energía y almacenando grasa para sobrevivir con menor ingesta de alimento. Este mecanismo de defensa sigue activado aunque retomemos nuestro ritmo habitual de alimentación, originando así el aumento de peso.

Perder kilos de forma rápida puede ser atractivo, desafortunadamente dicha  pérdida de peso nunca dura. Al mismo tiempo, esta pérdida se debe casi siempre a la disminución de agua o músculo. La única forma para lograr un control de peso a largo plazo es tener una dieta correcta; es decir adoptar buenos hábitos de alimentación y hacer cambios en el estilo de vida, logrando así que el peso que se consiga bajar, se mantenga.

La finalidad de una dieta no es que nos quede el vestido o traje, sino hacer cambios de por vida para mejorar la salud. Es necesario modificar nuestros hábitos alimentarios para lograr nuestros objetivos sin tener que sacrificar salud.