Sara Rosalía
Pues ha usted de saber que los intelectuales se dan el lujo de rechazar los reconocimientos (cheque incluido) que les otorgan algunos gobernantes o instituciones, de ahí que los poderosos se aseguren de que cuando conceden un premio, los así distinguidos accedan de antemano. Cuando a alguien le van a otorgar, supongamos, el Premio Nacional de Literatura, de Arte o de Periodismo, el agraciado debe asegurar, bajo protesta de decir verdad, que de ser favorecido se compromete a no rechazarlo.
El Premio Nobel, que equivale a poco más de un millón de dólares, no suele andar averiguando si sí o si no lo va a querer quien resulte ganador. Por el monto y por el prestigio, el rechazo más célebre de la historia es el del filósofo, dramaturgo y narrador francés Jean-Paul Sartre, quien un jueves de algún octubre les dijo simple y llanamente: no lo acepto
Con eso de que ahora a todo mundo le sacan los trapitos al sol, resulta que nos enteramos de una lista, que se califica de ultrasecreta, en donde constan los nombres de los que no aceptaron reconocimientos, en forma de títulos de nobleza, de la Reina Isabel.
Entre los nombres que ahí aparecen está el de Aldous Huxley, el famoso autor de la novela Contrapunto., quien, por cierto, se arriesgó a probar el peyote (la mescalina) y se convirtió en una especie de hippie avant la lettre con sus libros Las puertas de la percepción y de su continuación Cielo e infierno. No debe omitirse que Aldous era hermano del famoso biólogo Thomas Huxley y muy probablemente su afición científica lo llevó a experimentar con esa droga. Muy criticado es un capítulo de Contrapunto en que el novelista interrumpe el relato para dedicar espacio, amplio, a contar con detalles científicos el embarazo de uno de sus personajes.
Aparece, por citar a otro, incluso más famoso que Huxley, el director de cine Alfred Hitchcock, quien o regateó o la hizo de suspense, pues primero rechazó el titulo de Comandante y terminó por aceptar casi dos décadas más tarde, el de Caballero, que si usted o yo fuéramos súbditos británicos sabríamos que es un grado más alto que el primero ofertado.
Otro que le dijo no al honor real es el pintor Francis Bacon, quien de plano, podría ser, de no existir Picasso, el más grande artista del siglo XX. Pero más que comentar el rechazo, con el nombre de Bacon sólo cabe barruntar que fueron asesores y no la reina Isabel a quien se le ocurrió elegir al extraordinario artista, quien va de pintar rostros descarnados, actos sexuales homosexuales a Pontífices esquizofrénicos, temas dudosamente admirados por la conservadora reina.
El beatle John Lennon lo aceptó y luego lo regresó porque no estaba de acuerdo con la política británica respecto del apoyo a los estadounidenses en la guerra de Vietnam, la situación de hambre en Biafra y ya en son de chiste que hubiera caído en el rating su primera grabación como solista.
Tampoco aceptó el reconocimiento el escultor Henry Moore, tan conocido por los mexicanos, porque se inspiró en nuestro Chac-Mool. Ese mensajero de los dioses que sirvió de tema a uno de los cuentos más leídos de Carlos Fuentes y que se titula precisamente Chac-Mool.
La lista llega a 277 personajes que no aceptaron el reconocimiento real.
