Inversión privada en la paraestatal

En varias ocasiones, Enrique Peña Nieto ha declarado en México y ahora en Davos sobre un proyecto de inversión privada en Petróleos Mexicanos, conservando el control y la rectoría del Estado, en caso de llegar a la Presidencia de la República, en los próximos comicios de julio.

Es un tema tan delicado que deberá de ser muy puntual y transparente ante la nación de lo que piensa incorporar a su plan de gobierno, dada la amarga experiencia que sufrimos los mexicanos cuando se decidió privatizar la Banca y luego dársela a los capitales extranjeros, que la hicieron menos eficiente y de las más caras del mundo.

En primer lugar, Peña Nieto debe aclarar si está pensando en reformas constitucionales que cambien la naturaleza jurídica de Pemex y si piensa en una empresa de participación estatal mayoritaria, en la que haya accionistas con capital privado, especificando bajo qué título o modalidad se ingresará al mismo.

Veo imposible que los mexicanos aceptemos socios o copropietarios en Pemex y que se reforme el artículo 27 constitucional.

Es cierto que nos falta tecnología y por ello nos encontramos obligados a importarla, también es viable aceptar proyectos donde la iniciativa privada nacional o extranjera pueda llevarse sus ganancias, siempre y cuando no se comprometa algún pago porcentual por la extracción del petróleo.

Existen decisiones que se toman sobre las rodillas, como la que tenemos a la vista hoy en día, no se entiende la inversión de 12 mil millones de dólares en una nueva refinería en Tula, cuando ninguna de las seis existentes —desde que se creó Pemex Refinación en época de Carlos Salinas— ha generado ganancias, sólo se habla de pérdidas. Tan sólo el año pasado, Pemex Refinación perdió 97 mil millones de pesos… ¿y todavía quieren otra refinería más?

Estos datos revelan que la Presidencia de la República no tiene una información confiable para tomar una decisión de tal magnitud.

Andrés Manuel López Obrador promete cinco refinerías más y esto resulta más preocupante para los mexicanos, ya que en ambos casos no se comprende el porqué siguen políticas erróneas, seguramente también ignoran los números rojos con los que operan nuestras refinerías, ha de querer el candidato que se pierdan 200 mil millones de pesos anuales con su brillante idea.

Pemex es la última cereza del pastel, la iniciativa privada no quita el dedo del renglón, ni lo quitará; va a lo suyo, no conoce de nacionalismo alguno. Es un tema nacional tan delicado que provocará grandes debates, es de tal trascendencia que yo lo sometería a plebiscito nacional, ya que no debe ser asunto de uno, ni de otros, sino de todos los mexicanos. Ojalá Peña Nieto lo vuelva a razonar con mayor información y cuidado, midiendo las consecuencias correspondientes.

No pasa inadvertido para este Justiciero la postura del líder sindical Carlos Romero Deschamps, quien brilla por su ausencia, al igual que su nacionalismo. ¡Era de esperarse!

El Justiciero