Sólo comparable a la conquista de la Luna en 1969

René Anaya

La perforación del hielo hasta la superficie del lago Vostok, a 3 mil 766 metros bajo el hielo de la Antártica, que ocurrió el pasado 5 de febrero, es una de las más grandes hazañas humanas, desde la llegada del hombre a la Luna en 1969, pero no fue difundida de manera extensa en el mundo occidental, tal vez porque fue consumada por investigadores rusos.

Aunque ya no tiene un régimen socialista, Rusia sigue siendo considerada una potencia enemiga por Estados Unidos o, por lo menos, un país no completamente aliado. Por esa razón, los logros de sus científicos son minimizados, en el mejor de los casos, por los medios de comunicación estadounidenses, porque en el peor resultan fuertemente cuestionados o puestos en duda.

 

El agua más pura bajo el hielo

La gran y profunda empresa de alcanzar las aguas del lago Vostok comenzó en 1996, pero en realidad ese proyecto se empezó a gestar prácticamente entre 1957 y 1969, cuando el científico ruso (en ese tiempo soviético) Andrei Kapitsa encontró evidencias de que debajo de la base soviética Vostok había un lago.

En 1957 se puso en funcionamiento la base, que se llamó Vostok (oriente o este, en ruso), precisamente cerca de cuatro mil metros arriba de una gran extensión de agua dulce, aunque en ese momento se ignoraba que había ese “tesoro prehistórico” sumido en las profundidades del hielo.

Cuatro décadas más tarde, en 1996, observaciones aéreas de radar y altimetría de radar desde el espacio, realizadas por investigadores rusos y británicos confirmaron la existencia del lago, a 3 mil 766 metros de profundidad, con una extensión de 250 kilómetros de largo por 50 kilómetros de ancho y casi mil metros de profundidad en algunas zonas.

Ahora se conoce que ese cuerpo de agua está dividido por una cordillera en dos profundas fosas; en la fosa norte la profundidad es de 400 metros, en la sur se alcanzan hasta 800 metros de fondo, en tanto que la cumbre de la cordillera está a 200 metros de profundidad. En esta enorme extensión de 15 mil 690 kilómetros cuadrados, se estima que están depositados 5 mil 400 kilómetros cúbicos de agua dulce líquida, a una temperatura promedio de tres grados Celsius bajo cero.

La explicación de que el agua no esté solidificada, a pesar de estar a temperaturas de congelación, es porque se encuentra comprimida a una presión de 360 atmósferas (una atmósfera equivale a la presión que ejerce la atmósfera terrestre a nivel del mar), que impide que el agua se convierta en hielo; también se ha planteado que la propia presión y el calor interior del planeta logra que el agua se mantenga en estado líquido.

 

La vida en los extremos

Al margen de esas hipótesis, la hazaña rusa de alcanzar la superficie del lago significó un triunfo de la tecnología, ya que “los equipos utilizados para perforar el hielo que cubría el lago y diseñados con ese único fin por el Instituto de Ingeniería de Minas de San Petersburgo han sido un éxito”, según refirió el científico ruso Valeri Lukin, subdirector del Instituto de Investigación Antártica y Artica de Rusia (IIAA).

Pero tal vez lo más trascendental del trabajo de los científicos rusos es que la obtención de agua a esas profundidades podría brindar la oportunidad de confirmar que la vida puede encontrarse en cualquier lugar que albergue el mínimo de condiciones para su desarrollo.

Allí, en ese ambiente aparentemente inhóspito, existe la posibilidad de que haya vida, pues se han encontrado rastros de ácido desoxirribonucleico organismos llamados termófilos (microorganismos que pueden soportar condiciones extremas de temperatura). Se supone que también podrán encontrarse organismos extremófilos (que viven en condiciones extremas).

“Si no hallamos nada, eso también sería un hallazgo. Pero si se encuentra algún organismo, podremos seguir el proceso de evolución de especies vivas que no tuvieron ningún contacto durante muchos miles de años con la atmósfera terrestre”, ha considerado Valeri Lukin.

Además, la presencia de vida en el lago reforzaría la hipótesis de que también podría haber microorganismos extremófilos en otras partes del Sistema Solar, como en las regiones polares de Marte, en el satélite Europa de Júpiter o en otros mundos donde se encuentre agua en estado líquido.

Por lo pronto, los científicos rusos abrirán un compás de espera hasta el próximo diciembre (el verano austral) cuando reanudarán sus trabajos. “Si todo va bien ─ha señalado el subdirector del IIAA─, traeremos muestras del agua congelada a Rusia en mayo de 2013. Ahí sabremos si el lago Vostok es hogar de nuevos microorganismos, bacterias o nada”.

 

reneanayas@yahoo.com.mx