Para qué quiere enemigos…

Yazmín Alessandrini

En la llamada “política de estufa” —donde ya se cocinan los platos fuertes que se servirán en la mesa previo a que se dé el banderazo de arranque a las campañas proselitistas—, el asombro me invadió por completo apenas me enteré del equipo que se conformó para ayudar al virtual candidato de las izquierdas al Gobierno del Distrito Federal, Miguel Angel Mancera Espinosa.

Pero, ¡un momento!, quisiera corregir eso de “el asombro me invadió por completo…”, la verdad, estoy que me arranco los cabellos del terror ante la pléyade de oscuros y siniestros personajes que le endilgaron al ex procurador capitalino.

Cierto, como todo en la vida, aquí tampoco se puede generalizar y medir con la misma vara a todos los actores que impulsarán la candidatura y el proyecto de Mancera. Sin embargo, exceptuando al científico René Drucker, al Premio Nobel Mario Molina y a sus ex colaboradores Julio César Serna y José Ramón Amieva, quienes serán coordinadores de administración y finanzas y jurídico, respectivamente, la gran mayoría traen inserto el chip de la traición y del descrédito (Gerardo Fernández Noroña, Carlos Navarrete, Martí Batres, etcétera).

Yo sé que muchos me van a reclamar por esto que voy a decir, seguro de envidiosa y mala onda no me van a bajar, porque no me invitaron a la repartición del pastel, pero ¿qué les pasa a esos “brillantes” asesores que tras bambalinas diseñan y ejecutan la estrategia para que Mancera suceda en el trono capitalino a Marcelo Ebrard? La verdad es que todo esto huele muy mal y a un millón de kilómetros de distancia se percibe la mano negra de Manuel Camacho Solís.

Si algo distingue a Miguel es su inteligencia y la honestidad frontal con la que siempre se ha desempeñado en todos los cargos que ha ostentado. Es un hombre que difícilmente cede a chantajes e imposiciones.

Por todo lo anterior, muchos esperan (y aquí me incluyo) que muestre firmeza y determinación para amarrarle las manos y le ponga bozal a todos aquellos especímenes que en el corto y en el mediano plazos se puedan significar en verdaderos dolores de cabeza.

Veamos, pues, cómo le va a Miguel Mancera en esta doble misión de enfrentar a los enemigos de afuera (la “panista” Isabel Miranda de Wallace y la priista Beatriz Paredes, virtuales candidatos de sus partidos) y a los amiguitos de adentro, que me hicieron recordar a mi abue, doña Enes, cuando me decía “¡ay, m’ijita!, ¿con esos cuates, para qué quieres enemigos?”.

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La pregunta de la semana: ¿cuál es el mérito de gente como Héctor Bonilla, Epigmenio Ibarra, Paco Taibo II, Guadalupe Loaeza y Fernanda Tapia, entre otros, para que los consideraran miembros del Consejo Asesor de Miguel Mancera?

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