Antonio Solá, nacido para atizar
Teodoro Barajas Rodríguez
Morelia.- Ya perfilados los contendientes para buscar por la vía electoral la presidencia de México no está por demás reflexionar si viviremos algo similar a otras contiendas para luego asumir que se trata de un deja vu [ya visto].
El cuestionamiento tiene bases para ello, basta recordar elecciones plagadas de irregularidades como aconteció en 1988 o en 2006, por ello pregunto si tendremos una jornada salpicada de suciedad, medias verdades y carencia de vergüenza como las vividas en el pasado reciente, temo que la tónica será similar.
Uno de los genios de la “tenebra” y campañas destructivas está presente con Josefina Vázquez Mota, me refiero al español nacionalizado mexicano Antonio Solá, experto en petrificar la ética para dar paso a los rumores, la contracampaña, la inducción al miedo y otras artes no menores para lograr objetivos aunque éstos estén salpicados de viles mentiras. Finalmente nadie traiciona su propia naturaleza como lo expresa la fábula que narran en la película Juego de lágrimas acerca del escorpión que termina inyectando su veneno a una rana, aunque la promesa hubiese sido en sentido diferente, no lastimarla al ayudarle a cruzar el río.
Hace seis años la crispación fue una constante, nuestro incipiente sistema democrático estuvo en vilo, la campaña que estiló el PAN en ese citado episodio le dio frutos no por expresar las mejores propuestas, no por novedosos discursos sino por ataques sistemáticos que colapsaron el debate auténtico para concluir con una jornada ensombrecida por las dudas, aunque como dijera el clásico “haiga sido como haiga sido”, sin pudor se agregaba una nueva anécdota en nuestro surrealista país.
Ernesto Cordero no aprobó la prueba del ácido y se frustró su deseo de abanderar a su partido por obra y gracia de su jefe Felipe Calderón; Santiago Creel presentó los signos inequívocos de su decadencia; quien encabezó las encuestas en un prolongado trecho, Josefina Vázquez Mota, resultó ganadora. La dama de la sonrisa congelada que no varía un ápice es la primera mujer que buscará la primera magistratura por el PAN.
El PAN en el poder acusa desgaste, lo hace evidente porque este sexenio no se distinguió por su claridad ni por las grandes obras, se recordará por el derramamiento de sangre, por una guerra sin ton ni son que ha exacerbado la violencia pero la delincuencia se mantiene, diariamente saltan más datos escalofriantes. No funcionó la táctica, simplemente resultó fallida.
No pierdo la esperanza en que las campañas puedan ser de altura porque dejar marchitar utopías es renunciar al futuro. No puedo perder le fe en mi país pese a tantos bribones de diverso signo y orientación que con el mayor cinismo buscan un cargo, otro y otro para reflejar su enorme gula por el poder que no por el servicio al prójimo.
Hace mucho la ética política casi la extinguen, se estudia, analiza y debate en el aula, la academia siempre reserva ese lugar en materias como filosofía, historia universal, o deontología. Hablar de la escolástica es citar al vigente Aristóteles, hablar del bien común es invocar a los griegos de la antigüedad. En el presente los principios y valores los han enviado al destierro forzoso.
Es factible, previsible que tengamos una encarnizada contienda por la presidencia de la república y todos los actores se valgan de lo que sea para ganar. Antonio Solá es alguien nacido para atizar ejercicios desleales, mentirosos y canallescos, de eso vive, ése es su alimento y en el PAN lo necesitan como es obvio.
