Revolucionar la educación
Francisco Javier Estrada
¿Cómo pensar en la educación si no sabemos cuáles son las líneas de una política educativa que hable de ella como una teoría general y, a la vez, como una didáctica en particular?… Porque ése es el papel que hace el pedagogo, y en el país desde hace varias décadas se ha dejado a un lado su presencia, pensando que son los burócratas ajenos a la pedagogía; pero que son los mejores “cuates” del que gobierna en su momento.
Ya vemos los resultados en las evaluaciones que nos vienen de fuera, y las que dentro del país se hacen. En todas somos reprobados una y otra vez. Y bien sabemos, que sin un alto nivel educativo en la Secretaría de Educación Pública es como arar en el mar, por ello los resultados han de seguir siendo vergonzosos. ¿Dónde encontrar pedagogos y no sólo cuates del que desde el Poder Ejecutivo del país hace lo que se le antoja con este ramo de la administración pública.
Sin pedagogos es imposible revolucionar la educación. Tan buenos educadores que tuvimos en el pasado. Justo Sierra, José Vasconcelos, Rafael Ramírez, Jaime Torres Bodet y Jesús Reyes Heroles. Amaban la vida educativa, hoy lo que se “ama” es la nómina, que hace que el corporativismo y el cuatachismo sean los males que vivimos. Pues sólo con mis cuates administro la educación y la cultura. Necesitamos pedagogos y no sólo administradores iluminados o tecnócratas. Se necesita sabiduría en la ciencia de la educación, que haga recordar al ruso Anton Makarenko, quien crea las condiciones para que ante el naciente régimen soviético se plantee nuevas formas de educar; sin dejarse llevar por el caos social que se vivía al salir de la revolución de 1917.
Necesitamos pedagogos y no sólo personas que siendo amigos del presidente del país crean que entrar en las oficinas centrales del mundo educativo ya les convierte en pedagogos de tiempo completo. Total engaño, y lo podemos comprobar: ¿quién se acuerda de los últimos cinco secretarios de educación? Nadie, ¿verdad?
Ocupar el cargo de secretario de Educación es aspirar a volverse un enseñante del pueblo y no un simple manipulador. Y eso no se gana con el solo afecto de El Príncipe ¾como diría Nicolás Maquiavelo¾ sino con las armas que dan la didáctica y la pedagogía.
Por eso es que encontrar pedagogos se tiene que hacer con microscopio electrónico, y hacer comprender a los gobernantes que si aman la pedagogía es porque entienden que está en juego el alma de un pueblo.
Busquemos los pedagogos que la patria necesita. Pero hagámoslo yendo al mundo real de la educación, no al de las administraciones “iluminadas”, que piensan que con sólo cambiar a “Chepina por Alonso” ya se logró el paso hacia una educación de calidad. México necesita buscar que niños y adolescentes tengan lo necesario para leer, escribir, sumar y restar, con la capacidad que corresponde a los programas escolares.
