Mario Morales Castro
Fernando António Nogueira Pessoa, una de las personalidades más complejas y representativas de la literatura europea del siglo xx, nació en Lisboa el 13 de junio de 1888. Realizó estudios de Letras en la Universidad de Ciudad del Cabo, Sudáfrica (1903-1904) y en Lisboa; en 1907 se dedica al estudio de los filósofos griegos y alemanes. Fue retraído, con vocación para vivir aislado, sin compromisos, siempre disponible para las aventuras del espíritu. Desde los trece años escribe poesía en inglés, pero es como ensayista como primeramente se revela. Dirigió la revista Comercio y Contabilidad y fue conservador bibliográfico del Museo Biblioteca del Conde Castro Guimarães, en Cascais. Su salud fue siempre débil y en 1933 sufre una crisis de neurastenia. Muere en Lisboa en 1935. Roman Jakobson lo consideró uno de los grandes artistas mundiales nacidos durante la penúltima década del siglo antepasado, al lado de Stravinsky, Picasso, Joyce, Bracque, Khlebnikov, Le Corbusier. Para Alain Bosquet, él ha sido uno de los temperamentos líricos más considerables de nuestra época, igual a Maiakovsky, Rilke, Lorca o Aiken. Antonio Tabucchi le atribuyó un radicalismo intelectivo que se aproximaba a Wittgenstein. Para Octavio Paz, su secreto está escrito en su nombre: Pessoa en portugués equivale a persona en español, palabra latina que se origina de persona, máscara de los actores romanos para representar un “personaje”. La obra literaria, sobre todo la poética, de Fernando Pessoa es una de las expresiones más geniales y de la modernidad artística, sin duda, la cima mayor de la lengua portuguesa del siglo xx. Nadie como él ha atinado a encarnar hasta las últimas consecuencias (tanto biográficas, psicológicas y artísticas, como histórico-culturales, éticas, metafísicas y religiosas) una de las cuestiones fundamentales de la edad contemporánea: el problema de la identidad. La clasificación de las voces de la “Compañía Pessoa” las podemos hacer de acuerdo con las anotaciones que hizo el propio genio portugués:
Obra ortónima: Vienen a ser los “ortotextos”, los firmados como Fernando Pessoa, es decir, con su nombre de nacimiento. Se subdivide en obra en lengua portuguesa que comprende: Cancionero, Mensaje (publicado en 1935) y Primer Fausto, varios poemas dispersos, numerosos artículos y ensayos, y poemas en lengua inglesa: 35 sonetos (publicados en 1918), Antinoo, 1918, English Poems I-II, 1921, y English Poems III, 1921.
Obra heterónima: En la célebre “Tabla Bibliográfica” que apareció en la revista Presença, Pessoa aclara fulgurantemente que tiene obras heterónimas, firmada con otros (“heteros”) nombres que él ha recibido al nacer, pero que no son seudónimos como las de muchos casos de la literatura universal (Molière, Voltaire…) sino un fenómeno insólitamente nuevo, sin antecedentes: “no se puede decir que son autónimas y seudónimas, porque realmente no lo son. La obra seudónima es del autor en persona, salvo en el nombre que la firma; la heterónima es del autor fuera de su persona, es de una individualidad completa fabricada por él, como lo serían las palabras de cualquier personaje de uno de sus dramas”. Es decir, se le habían revelado o, dentro de su humanidad sin perfiles, había descubierto tres personas o máscaras relacionadas entre sí como una “generación literaria”: el maestro Alberto Caeiro y los discípulos Ricardo Reis y Álvaro de Campos; es preciso anotar que, sin ser su discípulo, el ortónimo Pessoa recibe alguna influencia (que él mismo conceptúa bienhechora y liberadora) del heterónimo Caeiro. La voz de Caeiro es la más diferente: bucólica, antiintelectual, antitrascendental y de gran sencillez artística, fresca como un manantial y coma la vida natural de la del ortónimo Pessoa. Reis, intelectual y cultista, burila odas conforme las pautas anacreónticas de Grecia y horacianas de Roma. No cree en la “modernidad” ni en el verso libre; propugna el paganismo y la monarquía. Álvaro de Campos, impulsivo, lleno de pasión e irreverencia, muestra el impacto de Whitman, el cubismo y el futurismo, desde el verso libre y la temática de la civilización moderna, hasta el deseo vanguardista de romper con las lacras del pasado.
Semiheterónimos y otros desdoblamientos: La Compañía Pessoa comprende varios nombres más: António Mora, filósofo del paganismo; Bernardo Soares, autor del extraordinario Libro del desasosiego; Barón de Teive y Vicente Guedes, agudos prosistas; Charles Anon, autor de pensamientos en inglés; Alexander Search, el semiheterónimo más usado por Pessoa antes de 1914, ligado a sus lecturas inglesas, de él quedan poemas en inglés; Charles Search, traductor del inglés, hermano de Alexander; Frederico Reis, cuñado de Ricardo, ensayista; A.A. Cross, humorista en lengua inglesa; Rafael Baldaya, redactor del Tratado de la negación, entre otros más, incluyendo el semiheterónimo de Maria José.
Pessoa y el amor. En 1918, el poeta trabajaba como traductor de cartas comerciales en compañías portuguesas de exportación-importación. Es precisamente en una de esas oficinas donde conoce a la mecanógrafa Ofelia Queiroz, una muchacha burguesa, de diecinueve años, con quien tiene una relación sentimental. Es un noviazgo a la antigua, con paseos a pie e intercambio de cartas y notitas. Ofelia entra de broma en el juego de los heterónimos y afirma sentir la hostilidad de Álvaro de Campos. De hecho, de un cierto modo Pessoa adivina lo que va a suceder: entre una normal vida familiar y la obra por escribir que reclama espacio y tiempo, él escoge sin vacilaciones. Mediante una carta con fecha del 29 de noviembre de 1920, aunque con dolor y amistad, rompe con decisión el noviazgo. Su historia con Ofelia puede explicarse por una absoluta necesidad de ternura, de cariño y de compañía. Es una historia común, con mensajes amorosos discretamente dejados junto a la máquina de escribir, insistiendo una y otra vez, pero Ofelia es una muchacha llena de los estrechos ideales burgueses de la época, y no corresponde en absoluto a los deseos de Fernando. Él la asedia con su mejor arma: las cartas. Ella no las entiende ni las aprecia, pero se hace del rogar. Nada menos que un año el poeta insistirá para que Ofelia se dé por vencida y se acerque. Cuando pasaron a la fase de contacto directo, hablan de matrimonio en sus entrevistas, de la oficina a la casa y viceversa. Mientras tanto, la madre del poeta regresa de Sudáfrica tras la muerte de su segundo esposo. Esta situación motiva un cierto suspenso en la relación con Ofelia, quien intuyendo el alejamiento de Fernando, insiste una y otra vez. El punto final de la historia lo pone el regreso definitivo de la madre, el ansiado regreso ocurrido el 30 de marzo de 1920. La chica había sido un pretexto desesperado, pero en esa fecha ya era innecesario. El sentimiento se volverá a reavivarse de manera fugaz nueve años después. Ofelia es el único amor de su vida del que se tiene constancia, fuera de eso se desconoce toda y cualquier relación amorosa del poeta. Su vida sentimental es un misterio, o tal vez no haya tal misterio, sino más bien completa ausencia. Se puede trazar un paralelismo entre Pessoa y Baudelaire: ambos “perdieron” a sus madres y ambos las proyectaron al futuro en una infructífera búsqueda de recuperación. Baudelaire siguió el camino de amar mujeres monstruosas y Pessoa de no amar a nadie, el de abstraer y sublimar el amor.
En conclusión, podemos decir que fue la condición de Pessoa —el ser poeta—, la que llega a separarlos, además de la parte que en ello haya tomado el superego que para él suponía la madre, a fin de cuentas el verdadero amor de su vida. Ofelia quería un marido cotidiano y tributable, pero Fernando podía ser todo menos un marido “cotidiano y tributable”.
En otro artículo hablaremos sobre Fernando Pessoa y la polémica y revolucionaria revista Orpheu.
