Ricardo Muñoz Munguía

El fin de la palabra es deslizar su caricia en el cuerpo lector. Y eso no sólo se consigue con su presencia sobre las páginas, incluso no se conforma con la estética de que se viste, la palabra es el diálogo permeable hacia el sentir, es, de otro modo, la experimentación de que existe una especie de alma, y puede ser palpable.

En poesía, sobre todo en este género literario, de manera casi colectiva, se llega a la conclusión de que sólo es para los poetas. Y en buena medida así es, con el añadido de que muchos narradores la leen más aun que la misma novela o el relato.

Poetas jóvenes con una voz madura se conjuntan en Poesía ante la incertidumbre, libro que trasciende por la genuina intención de proponer que a la poesía, trazada en la riqueza del idioma español, se le arranquen los velos, que los muros levantados con rebuscados términos se ennoblezcan y, sobre todo, se contribuya a borrar la idea de que poesía tiene una latitud extraterritorial. De ello dan muestra Jorge Galán (El Salvador, 1973), Raquel Lanseros (España, 1973), Ana Wajszczuk (Argentina, 1975), Daniel Rodríguez Moya (España, 1976), Francisco Ruiz Udiel (Nicaragua, 1977-2010), Fernando Valverde (España, 1980), Andrea Cote (Colombia, 1981) y Alí Calderón (México, 1982). Estas ocho voces son un ejercicio de mostrar, y demostrar, que poesía es fuego que abriga y deslumbra.

Por último, vale la pena mencionar el poema de Ángel González que se cita en la introducción del volumen: “Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,/ y una voz cariñosa le susurró al oído:/ —¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira?/ Y él respondió:/ —Lo sé;/ pero lo que yo siento es de verdad”. Con estos versos se da una bella ilustración de la magia que provoca la palabra para la transformación del lector.

Poesía ante la incertidumbre. Antología de nuevos poetas en español. Visor libros / Círculo de poesía, México, 2011; 150 pp.