PAN, 5 de febrero

René Avilés Fabila

La semana antepasada, vimos un tedioso debate entre personas que nos presumen su decencia y buenos modales, pero que no son políticos. No saben para qué demonios sirve el Estado. Los tres pertenecen al PAN y en torno a ellos se han dividido las opiniones. Hasta el momento de escribir estas líneas, la ventaja era para Josefina Vázquez Mota, es lista, experta en autoestima, sobre todo en la propia y hasta contacto con la derecha española ha logrado.

Ernesto Cordero no es más que eso, un cordero. No ha conseguido decir algo inteligente sobre los problemas de México. Desconoce, como todos los panistas, sus sentimientos y dificultades. La visión de la historia que tienen está trucada por sacerdotes y monjas, por funcionarios conservadores y empresarios temerosos de la ley de Dios. Todos son buenos para la crítica, pero son incapaces de emprender grandes obras.

De todos los panistas, Felipe Calderón resultó el más decidido y ahora lleva a cabo una guerra contra el crimen organizado que no parece tener fin. Con más de 50 mil muertos, no tolera críticas a quienes discrepan del camino seleccionado en soledad, como en los viejos tiempos.

Dudo mucho y lo hago reflexionando sobre Vicente Fox y sus inmensas bufonadas, en Gustavo Madero tan disciplinado a los deseos del presidente Calderón y todos tan distantes de las grandes transformaciones que México requiere.

Ninguno de los aspirantes del conservadurismo tiene ruta propia, como en el pasado explican que habrá continuidad de los éxitos y planes de don Felipe (que pocos consiguen ver), pero sabemos que eso es falso, una maniobra preelectoral, mientras esperan que venga el dedo presidencial a señalar a un posible sucesor.

Entonces, buscarán su propio rumbo, pero es tan incierto e insulso como los debates que han sostenido Vázquez Mota, Santiago Creel y Cordero. Son pláticas de sobremesa entre correligionarios, que de pronto tienen algún exabrupto y rápido recuperan el buen decir y coinciden en el excesivo elogio a Calderón.

El caído en desgracia Humberto Moreira anticipó que la lucha final sería entre Enrique Peña Nieto y López Obrador. Los panistas pusieron (es verdad) el grito en el cielo. Piensan que es posible mantener el país en los niveles en que vivimos y no hablo sólo de inseguridad sino en materia económica y sobre todo política.

No es que sus rivales priistas y perredistas sean mejores o tengan excelentes proyectos, sino porque la vox populi ha precisado que son los menos malos y el orden que les han dado en las encuestas, al parecer, sin considerar los escándalos que se producen en las redes sociales y en donde no hay datos duros, bases serias, sino majaderías.

En primer lugar se mantiene Peña Nieto, pese a que todos se meten con su vida privada, en segundo queda López Obrador, cuya muy turbia vida privada es mantenida al margen por sus fanáticos, y al final aparecen los panistas, esas mismas encuestas ven a doña Josefina mejor puntuada. Pero falta saber qué diga en el PAN Calderón. Lo que necesita la derecha mexicana, oficialmente hablando, es un milagro. Si no aparece, el PAN regresará a lo que bien sabe hacer, a criticar sin ton ni son, el problema es que ya tuvo el mando y mostró una total ineptitud.

Para colmo, su  votación interna, donde participan unos cuantos miles de panistas y adherentes, se produjo en día festivo, donde la mitad del país verá los toros y la otra mitad el superbowl. Cuando aparezcan estas líneas, el PAN tendrá resultados lamentables.

 

 

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