Poiré se lava las manos
Yazmín Alessandrini
Siempre que alguna noticia relacionada con las diversas cárceles (federales y estatales) que tenemos en México salta a las primeras planas de los principales diarios de circulación nacional y al horario prime time de televisoras y radiodifusoras, indefectiblemente se agolpan en mi mente terribles imágenes acompañadas de la pregunta: “¿Y ahora cuántos muertos fueron y cuántos reos se fugaron?” Qué triste, ¿no les parece?
Convertido en un verdadero talón de Aquiles no sólo para la administración del presidente Felipe Calderón, sino para todas las que la antecedieron mínimo desde 1970, el sistema penitenciario mexicano merece una profunda revisión y un detallado análisis por parte de todos los actores involucrados (directa e indirectamente) en este importantísimo sector del que mucho depende el éxito o el fracaso de la impartición de justicia.
Los hechos registrados hace una semana en el penal de Apodaca, Nuevo León, donde fueron asesinados 44 reos y otros 30 más (presumiblemente pertenecientes al cártel de los Zetas) se fugaron con la complicidad de custodios y funcionarios de dicha cárcel; junto al acto que encabezó Felipe Calderón en Querétaro el pasado martes, donde admitió una crisis en el sistema carcelario y la construcción de ocho nuevos centros federales para antes de que concluya su sexenio; no sólo resultan contrastantes, sino también contradictorios porque en el terreno de lo concreto son pocos (o nulos) los logros de la administración calderonista y este anuncio del primer mandatario suena más a promesa de campaña que a otra cosa.
La matanza en Apodaca no es un hecho aislado, aunque el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, se haya servido de cámaras, micrófonos y grabadoras para “lavarse las manos” argumentando que este lamentable hecho no se suscitó en alguna de las prisiones federales que directamente dependen de Segob.
Los datos duros son contundentes: en México contamos con 321 prisiones, infraestructura que en el papel tiene capacidad para albergar a 185 mil 562 reclusos, cifra que ya ha sido rebasada en razón del 22.7% porque hay un total de 227 mil 671 reos encarcelados. Si los diversos amotinamientos y violentos hechos que derivan en múltiples asesinatos que se registran en estos centros no se deben a la sobrepoblación y al hacinamiento, como lo aseguró en días pasados Patricio Patiño Arias, subsecretario del sistema penitenciario federal de la Secretaría de Seguridad Pública, debo suponer que entonces este fenómeno obedece a que a los encarcelados les están pasando películas muy violentas a la hora de su recreo.
* * *
La pregunta de la semana: ¿Qué tanto debemos confiar en esas encuestas que (para la elección a presidente de la república) ponen en primer lugar a Enrique Peña, en segundo a Josefina Vázquez y en tercero a Andrés López?
www.lapoliticamedarisa.mx
yazminalessandrini@yahoo.com.mx
Twitter: @yalessandrini1
