Entrevista a Francisco Garaicochea/Grupo de Ingenieros Pemex Constitución del 17
Antonio Cerda Ardura
Termina el sexenio y, además de una montaña de cadáveres, producto de su guerra improvisada contra el crimen organizado, el régimen de Felipe Calderón deja asestado otro coup de grậce a los mexicanos: el Acuerdo México-Estados Unidos Relativo a los Yacimientos Transfronterizos de Hidrocarburos en el Golfo de México, firmado el pasado 20 de febrero, el cual permitirá que empresas privadas de ambas naciones puedan extraer crudo de depósitos submarinos ubicados bajo las dos jurisdicciones.
Dicho pacto, que actualmente se discute en comisiones del Senado, establece reglas que permitirán determinar la proporción de los hidrocarburos que se repartirán entre México y Estados Unidos; normatividades en materias de salud, seguridad industrial y medio ambiente, así como reglas fiscales y de resolución de controversias, e, incluso, cláusulas para denunciar o disolver el propio acuerdo.
Según datos reunidos por Siempre!, el pacto, que podría con el tiempo incluir a Cuba, Guatemala y Belice, no prevé una explotación conjunta en aguas del Golfo de California ni en yacimientos transfronterizos terrestres, pero sí que sea una sola compañía la que opere los depósitos del Golfo de México. Pemex pagará impuestos de acuerdo al régimen fiscal actual para la explotación en aguas profundas de esa misma región, según la proporción de crudo que le corresponde a México, y, en ningún caso, liquidará servicios mediante volúmenes en especie o de producción compartida, sino sólo con dinero en efectivo.
En opinión del Grupo Ingenieros Pemex Constitución del 17, “sacar petróleo crudo para exportarlo a Estados Unidos no es conveniente y significa un acto de traición”, ya que sería mejor destinarlo a la petroquímica mexicana, que está destruida. “Un barril de petróleo crudo”, sostienen los ingenieros, “ocasiona 60 veces valor agregado, cuando lo convertimos en vestido, anteojos o productos que usamos para el cabello, ya que todo es petroquímica”.
En voz de su presidente, Francisco Garaicochea Petrirena, el Grupo Ingenieros Pemex Constitución del 17 indica que México cuenta con una cartera de proyectos de inversión más seguros, rentables y con menos riesgo e incertidumbre que ir a aguas profundas.
Los ingenieros señalan que el acuerdo petrolero se mira “omiso, sumiso y cómplice”, ya que las compañías petroleras con las que vamos a establecer nexos para llevar a cabo la explotación compartida se han caracterizado por ser “corruptas y corruptoras”.
Marginan a la CNH
Hasta el momento, la negociación del acuerdo petrolero México-Estados Unidos parece haber sido hecha en lo oscurito.
No participó la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), que tiene la responsabilidad de la reglamentación, la supervisión y de sancionar las actividades de explotación compartida regular. ¡La marginaron! En lo general, la historia nos demuestra que las compañías petroleras con las que vamos a establecer la explotación compartida o las que han estado explotando petróleo en el Golfo de México, como la British Petroleum, que es la que tuvo el problema del descontrol del pozo Macondo, en el que murieron once personas, se han caracterizado por ser corruptas y corruptoras. Así que habrá que tener mucho cuidado. Por el lado de la CNH, ésta no tiene los recursos requeridos para realizar sus funciones. El comisionado ha dicho, por ejemplo, que para realizar las mismas actividades que lleva a cabo la institución homóloga en Estados Unidos, que era Minerals Management Service y que actualmente es el Bureau of Ocean Energy Management, Regulation and Enforcement (BOEMRE), la CNH sólo tiene un dos por ciento de presupuesto y que él, para trasladarse a las plataformas, cuenta con un vehículo viejo, un Sentra, mientras que los supervisores regionales norteamericanos viajan en helicóptero.
Según lo que ha trascendido, es una sola compañía o un solo ente el que operará los yacimientos petroleros.
Normalmente queda una compañía como operador, pero en cuanto a la vigilancia del cumplimiento en la normatividad, pues tendrá que participar, por parte de Estados Unidos, su ente regulador, y, por parte de México, la CNH. Sin embargo, esta institución, amén de que, como he dicho, no cuenta con presupuesto o recursos humanos suficientes para realizar sus funciones, tampoco tiene la autonomía necesaria. Nosotros hemos propuesto que a la CNH se le otorgue una autonomía equiparable a la que tiene la Auditoría Superior de la Federación, que depende de la Cámara de Diputados.
El problema es que estos organismos normalmente no tienen capacidad de sanción.
Prácticamente no lo tienen. La CNH, por ejemplo, puede sancionar. Pero si sanciona a Petróleos Mexicanos por no cumplir con la reglamentación, los lineamientos técnicos, lo que sucede es que, si aplica una multa de millones de dólares, eso ingresaría al erario y, del erario puede regresar nuevamente a Pemex.
¿El que se haya ignorado a la CNH significa que hay algo turbio en el acuerdo?
No lo sabremos hasta que sea hecho público. Sin embargo, le puedo nombrar algunas de las cosas que será necesario aclarar, por ejemplo, si el acuerdo debe de ser aprobado por la CNH, o cómo se designará al operador, o si el operador va a ser o puede ser Petróleos Mexicanos.
O una empresa extranjera.
O va a ser una empresa extranjera. No ha quedado claro cómo se van a repartir las inversiones y las utilidades, cuando empiece a haberlas. Sabemos que se cuantificará, primero, a partir de la exploración, que, por cierto, puede tomarse seis, siete, ocho o nueve años, qué volumen original de petróleo cae dentro de nuestra jurisdicción y cuál es la parte que corresponde a las aguas territoriales de Estados Unidos. Pero es importante saber cómo se resolverán las controversias, que normalmente ha sido por medio de instituciones que han favorecido a las compañías extranjeras. Queda por definir, durante la etapa de delimitación y evaluación del volumen original de crudo, si podrán participar compañías licenciatarias en actividades de perforación y terminación de pozos en el sector mexicano. Normalmente, las compañías de servicios le cobran a Pemex mucho más de lo que facturan a las compañías norteamericanas. Esto quedó demostrado en el caso de Chicontepec, donde le cobraron a Pemex tres y cuatro veces más caros sus servicios que en Estados Unidos.
Empleos para EU
El acuerdo indica que México no podrá pagar ningún servicio con petróleo.
El petróleo que se produzca por el acuerdo se va a dirigir directamente a las refinerías de Estados Unidos, porque nosotros no tenemos la infraestructura requerida, como serían ductos, para que el crudo llegue a nuestras costas, o refinerías, o plantas petroquímicas. La producción va a beneficiar a Estados Unidos porque allá se van a generar empleos y le van a dar valor agregado.
Estos puntos indican que México entra en desventaja a trabajar al lado de la nación más poderosa del mundo y una de las más desarrolladas. No parece muy justo.
Hillary Clinton lo dijo: “Estados Unidos va a entrar en un acuerdo en el que va a ganar y ganar”. México tiene poco que ganar y mucho que perder, por los altos costos de los servicios y porque toda la producción se va a dirigir a los Estados Unidos.
¿Esto representa un paso atrás en la expropiación petrolera?
Pues en cierto sentido sí, pero también debemos de considerar que este acuerdo es ineludible. Es decir, aunque tuviésemos actualmente un gobierno muy nacionalista, si se descubre un yacimiento transfronterizo tendría que ser explotado mediante un acuerdo de unificación, de producción compartida, en función de lo que corresponde volumétricamente a cada país.
De lo contrario, usarían el famoso popotito.
El popotito va a seguir operando, sólo que antes podía hacerlo el Tío Sam desde Estados Unidos hacia México, y ahora ya está acá.
¿Cuáles son los beneficios del acuerdo para nuestro país?
Estados Unidos tiene ya mucha experiencia en la formulación y el establecimiento de acuerdos de producción compartida. La reglamentación de Estados Unidos, si es como se prevé, la que va a regir en lo general, con algunas pequeñas modificaciones que pudiera hacer la CNH, va a obligar a Pemex a trabajar con la máxima recuperación de hidrocarburos, lo que cambia el paradigma de esta empresa. Pemex se verá obligado maximizar el valor presente neto de los activos o la renta petrolera, pero sin quemar el gas, como lo ha hecho en Cantarell, de manera criminal, desde que empezó a explotarlo.
Esto nos va a llevar a una explotación más racional.
Como debe ser, de acuerdo con las mejores prácticas de la ingeniería petrolera. Esto descartaría la inyección de nitrógeno, que es un procedimiento innecesario, caro y perjudicial para la recuperación de petróleo. Si esta inyección fuera una de las mejores prácticas, en el Mar del Norte habría varios yacimientos usando esa técnica. ¿Y qué cree? ¿Sabe lo que inyectan? ¡Gas natural!, que se importa a un precio 30 veces más caro que el nitrógeno.
Y nosotros quemando el gas.
Ah, sí. Nosotros compramos nitrógeno, inyectamos nitrógeno, pero el gas natural lo hemos estado quemando. Hemos quemado más de 10 mil millones de dólares del gas que se ha producido en la Sonda de Campeche.
Finalmente sí es conveniente el acuerdo.
Es conveniente en ese sentido de la aplicación de mejores prácticas: no se quemaría gas, no se inyectaría nitrógeno. El objetivo va a ser maximizar la recuperación de hidrocarburos y no la renta petrolera. En ese sentido, Pemex se verá precisado, obligado a mejorar.
El riesgo de siempre: corrupción
¿Tenemos algún riesgo de que estén actuando aquí compañías extranjeras?
Claro que hay mucho riesgo. México tiene una cartera de proyectos de inversión más seguros y rentables, con menos riesgo e incertidumbre que ir a aguas profundas. Imagine nada más un descontrol como el del pozo Macondo, que fue en aguas profundas. Nunca está descartada la posibilidad de que un pozo se descontrole. Sí se está adoptando el modelo de explotación unificada de Minerals Management Service, hay que recordar que ese ente desapareció cuando ocurrió lo de Macondo. Dentro de él existía una división que se encargaba de reglamentar y otra de sancionar. La organización se separó porque se determinó que había negligencia y no se manejaba correctamente al estar unidas las dos funciones. Hubo acusaciones contra Minerals Management Service, en el sentido de que había sido corrupta.
¿Ese podría ser el gran riesgo: operar con entes corruptos?
Siempre existe ese riesgo. Y nosotros sabemos que uno de los principales problemas nacionales es la corrupción.
