Ni intolerante ni antirreligioso

Teodoro Barajas Rodríguez

Morelia.- Esta semana se habla y escribe en torno a Benito Pablo Juárez García, hombre de Estado que consolidó los diseños, estrategia y rumbo de estructuras laicas para clarificar los linderos entre los ámbitos políticos así como los eclesiales. Se trató de un gran acierto que la república agradece.

La generación que acompañó a Benito Juárez fue la más talentosa en los registros históricos, la propia praxis de ellos así lo escribió. En la antigüedad prevalecieron los modelos teocráticos del poder, las certezas morales que en muchos casos estaban encontradas con las ciencias, y el temor a lo desconocido para plegarse a verdades reveladas a través de los dogmas fueron una constante.

Bajo tales moldes se incubaron agrupaciones y organizaciones como la Inquisición que extirpaban cualquier brote novedoso al sentir amenazado el poder terrenal que controlaban las instituciones eclesiásticas. Incluso hubo cruzadas, guerras e injusticias invocando a la deidad de muchos. En nombre de Dios son tantas y lamentables las injusticias escritas en el color de la pena.

Con el paso del tiempo los nuevos trazos de una arquitectura social hicieron presencia para modelar esquemas republicanos, avalados por la democracia en la que los ciudadanos definían el rumbo en un corto plazo.

Benito Juárez, católico y masón, separó el Estado de la Iglesia, fue vanguardista porque se trataba y trata de una república de iguales sin fueros especiales. Los gobiernos deben ser laicos porque se trata de un modelo que incluye, facilita y resuelve.

En muchos casos hemos visto cómo los Estados bajo el control religioso sepultan la democracia, reprimen el pensamiento libre para azolvar el tránsito de las ideas, no podría haber un modelo mejor para México que el laico.

En México aún quedan vivas las resistencias contra el pensamiento juarista, la Iglesia católica particularmente tiene el interés en volver al pasado de privilegios, anatemas contra los diferentes y excomuniones como chantaje.

Benito Juárez no fue anticatólico ni persiguió ninguno de los cultos que se practicaban en aquella época decimonónica, algunos liberales suelen ser feroces críticos de las iglesias afirmando cosas, abonando diatribas que el propio presidente Juárez jamás profirió.

Un gobierno debe ser laico porque ya no vivimos en la Edad Media, porque los modos confesionales no van con un México plural en el que anidan y multiplican diversas maneras de pensar, sentir y creer los asuntos del espíritu, se trata de un derecho humano reconocido plenamente en nuestra Constitución política.

Un Estado laico es ajeno a las intervenciones religiosas pero no persigue cultos porque se nutre de valores democráticos y republicanos. Ser laico no significa ser intolerante o antirreligioso, aunque muchos viven en una permanente confusión.

Benito Juárez hizo bien en separar Iglesias y Estado porque el modelo laico es la mejor posibilidad de convivencia posible.