Promover la libertad religiosa
Carlo Pizano
“Queridos hermanos y hermanas: después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”.
Estas fueron las primeras palabras que Joseph Ratzinger pronunció desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro, ya electo como pontífice de la Iglesia católica con el nombre de Benedicto XVI. Quien fuese prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, hoy domingo estará en tierras mexicana como el segundo “sucesor de Pedro” en hacerlo.
No es la primera ocasión que Ratzinger ha estado en nuestro país. Estuvo como miembro de la Curia Romana. Ahora lo hace a casi siete años del inicio de su pontificado. Y desde lo más profundo del jacobinismo y del laicismo se alzan las voces en contra de su visita (que en el marco de la libertad de expresión es normal que suceda) y denuncian la violación al Estado laico. El tema ha sido tan discutido que aburre. Simplemente hay que decir dos cosas.
Estado laico significa que el gobierno no puede obligar a que se asuma fe religiosa alguna y tampoco a abandonar dicha fe, así como que el gobierno no puede interferir en la vida interna de las asociaciones religiosas.
Lo segundo que hay que decir es la vigencia de la libertad religiosa que ha sido reconocida por México al adoptar el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos establece en su artículo 18 lo siguiente: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de tener o de adoptar la religión o las creencias de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de los ritos, las prácticas y la enseñanza”.
¿Qué mensaje trae el 265º sucesor de Pedro? En este viaje apostólico, que no de Estado (recordar que también es jefe del Estado Vaticano), Benedicto XVI, como ha caracterizado a su predica, hablará de la cooperación en la búsqueda de la verdad entre la fe y la razón, de la defensa de los derechos humanos de todos, especialmente de los más vulnerables como lo son los concebidos no nacidos.
Vendrá como lo reveló el cardenal Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede, a promover la libertad religiosa, la defensa del matrimonio, la coherencia del cristiano pero fundamentalmente como lo mencionó Cristophe Pierre, el nuncio apostólico, simplemente a anunciar el Evangelio de Jesucristo, que es la buena nueva del perdón y del amor.
