Fuego amigo
Carlos Jiménez Macías
Fuego amigo… lo más triste en la historia de los victimados. Los que son ejecutados por sus propios compañeros; los que son espiados por quienes se supone son compañeros de ruta, sus protectores, los que deberán cargar con el peso de la victoria.
La denuncia por espionaje de Josefina Vázquez Mota contra Genaro García Luna y Alejandra Sota exhibe una vez más a la Presidencia de la República por el uso faccioso de los instrumentos del Estado en su beneficio; por cometer un delito sancionado por nuestras leyes y todas las demás en el mundo, amparado en el escudo del poder. El gobierno se sirve de los medios de que dispone por su alta investidura para espiar no a sus adversarios políticos, sino a sus propios aliados y manipular a su antojo el material ilícitamente recabado.
La consideración se impone: si esto sucedió a la candidata del PAN a la Presidencia de la República, ¿qué cabe esperar con los demás partidos políticos? En cuál siniestro archivero se guardarán todas las grabaciones malhabidas de personajes prominentes de la política que en un momento dado puedan ensombrecer las actividades del gobierno; quién puede tener la llave para abrir las grandes compuertas del descrédito en contra de algún opositor.
No faltaran en Los Pinos y sus alrededores geniecillos de la informática capaces de manipular la información, trastocar textos y declaraciones y, ¿por qué no?, ya entrados en gastos, inmiscuirse en la vida privada de las personas con tal de desacreditarlos.
El hecho es muy importante y dista mucho de ser un mero episodio de barandilla. La denuncia de la candidata ocurre en vísperas del arranque de las campañas electorales, contradiciendo así las declaraciones del presidente Calderón, que afirma, a todo aquél que quiere oírlo que se mantendrá al margen del proceso electoral.
Mentira.
Los hechos demuestran lo contrario, pero esta vez la denuncia surge de sus propias filas: no tiene pues escapatoria el desenlace de esta grave acusación. La opinión pública, ya muy lastimada por tantos y tantos hechos de todos conocidos y no aclarados, seguirá muy de cerca la secuencia de este nuevo incidente. La Procuraduría General de la República no podrá prestar oídos sordos a lo que se ha convertido en clamor público.
Algo bueno surgirá de este embrollo: la ciudadanía ha confirmado lo que de sobra se sabía: la poca confiabilidad del gobierno por el respeto a la voluntad ciudadana, al entorpecer la claridad de un proceso electoral de suma y trascendente importancia con prácticas ilegales, antidemocráticas y recurrentes en exceso.
No nos extrañe. Calderón no puede ocultar sus miedos…
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