Desencanto general
Teodoro Barajas Rodríguez
Morelia.- Después de mirar el desaire rubricado en el Estadio Azul en donde el cemento se hacía visible ante la ausencia de asistentes en el evento panista que fue el marco de la toma de protesta de Josefina Vázquez Mota, podríamos preguntar: ¿desencanto por el PAN o por la propia abanderada o incluso por la política en general? Tal vez las tres alternativas sean ciertas.
El fastidio en relación con la clase política se hace ostensible, ya no se matiza porque más no se puede. Tal vez no lleguemos a los extremos vividos en Argentina hace más de una década, en que muchos actores políticos fueron echados a empellones o patadas de centros de reunión, pero el malestar cunde.
Uno de los temas más sensibles es la generación de empleos, porque si éstos están en decrecimiento estaríamos hablando de un potencial incremento de ilícitos, ello nos lleva a la impunidad y ésta a la ingobernabilidad.
Eso no sería todo, ya Guadalajara registró un día caótico con motivo de actos desafiantes a la legislación vigente.
En los últimos tiempos, en nuestro país se registran sucesos que sacuden sensiblemente la gobernabilidad en diversas comarcas, lo ocurrido en Guadalajara la semana anterior no debe tratarse como un hecho aislado, el crimen secuestró la tranquilidad para invocar terrorismo, sus tentáculos tienen un largo alcance.
Referí inicialmente el relanzamiento de la campaña de Josefina Vázquez Mota porque ni ella ni sus homólogos de otras fuerzas políticas han detallado cuáles son sus planes, diseños o al menos esbozos para confrontar a la delincuencia, suele ser excesiva su prudencia para concluir en nada, simplemente más de lo mismo, ceñirse a lo políticamente correcto.
El tema de la seguridad es el que cala más hondo en el sentir colectivo porque está estrechamente vinculado a otros, causas y consecuencias. El saldo de la impunidad robustecida nos plantea un escenario complejo que no se ha vencido con el endurecimiento de las leyes.
Incluso hay quienes sacan provecho de la indignación colectiva para ofrecer, mañosamente, la pena capital; me refiero al Partido Verde Ecologista de México, ese condensado de prostitución política que ha sido aliado por conveniencia del PRI, PAN y PRD.
Imagínese la pena de muerte en México, sería tanto como legitimar homicidios porque el nivel de prevención, combate y castigo a los infractores es sumamente precario. Sería una coartada para fabricar delitos, inventar culpables para invocar el derecho a la venganza, que no a la justicia.
La pena capital no hace disminuir el índice delincuencial, en muchos casos se ha tratado de un reflejo vivo del autoritarismo, como ocurrió en la Francia revolucionaria.
En todo caso es necesario fomentar empleo, invertir en educación e infraestructura, atender causas y no consecuencias.
No puede una nación, sea cual fuere, anclarse en las consecuencias del crimen para ejercer un estilo reactivo que carece de la anticipación, porque de esa manera la lista de fracasos será interminable.
