Del reino de la democracia no queda nada
Raúl Cremoux
De aquel PAN cuyo objetivo era el reino de la democracia, ya no queda nada.
La ingesta de los dineros públicos y la vanidad que despiertan los puestos de poder terminó por minarlo y, en muchos casos, hasta arruinarlo.
Entre otras denuncias sobre su falta de probidad, abuso y malos manejos en el acarreo de sus militantes, está la última de la asambleísta Lía Limón: sacude el PAN y renuncia no sin antes decirnos que ahí, en el meollo de los principios de Manuel Gómez Morín, las elecciones internas las manejan unos cuatreros con nombre y apellido: Demetrio Sodi de la Tijera, trapecista que del PRI saltó al PRD y ahora es un mandón en el PAN; luego viene Mariana Gómez del Campo (cuatrera ella); Obdulio Avila, quien quiso ser delegado en Coyoacán y ahora es subsecretario en Gobernación.
Principalmente éste es el eje de la banda que le hizo imposible la vida electoral a Lía Limón y que merecen el calificativo arrebatado a las desdichas de los trabajadores del campo; ladrones de ganado. Esto va en línea directa como la directiva panista trata a sus militantes, adherentes, simpatizantes y organizaciones menesterosas necesitados de despensas, sacos de cemento, becas cuando los utiliza para sus mítines de demostraciones de popularidad.
Ellos, los panistas, han aprendido mucho de sus socios aliancistas del PRD, pero no han ido a fondo en la imitación de otros valores. Justos los encarnados por el abanderado de la república amorosa, el predicador Andrés López quien vive de la caridad, de los dineros que le regala la asociación amigos de Andrés subtitulada Honestidad Valiente.
El candidato carece por voluntad propia de chequera, tarjetas de crédito, no habla inglés y apenas gana lo suficiente para mantener su casa, propiedad de su señora. Con esos escasos recursos, viaja constantemente por todo el país, asiste en hoteles de regular para arriba y, como ya vimos, porta un reloj fino de marca y sus buenos trajes confeccionados y diseñados por don Hugo Boss.
Los panistas debieran seguir el ejemplo, no tener ambiciones de dinero, velar por salvar la patria y desinteresarse por los puestos de poder.
Ese era el destino manifiesto de sus padres fundadores: austeridad, templanza y, si se puede, castidad.
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