Las perdió de vista

René Avilés Fabila

Receptor de las ideas revolucionarias, el PRI, en sus diversos momentos, fue sensible. De la época de José Vasconcelos al frente de la Secretaría de Educación Pública hasta Ernesto Zedillo, la cultura jugó un papel destacado. Salvo la fallida Biblioteca Vasconcelos, obra de Vicente Fox, que sigue sin funcionar cabalmente, toda la inmensa infraestructura cultural de México ha sido obra de tal partido. Los priistas tenían claro su papel fundamental en nuestro desarrollo espiritual. De pronto vino a menos. La alternancia frenó su desarrollo a escala oficial. El Estado se degradó a sí mismo con Sari Bermúdez y luego con Consuelo Sáizar. Esta última es particularmente ignorante, autoritaria, carece de obra propia y supone que ella sola debe decidir sobre la cultura burocrática. Los intelectuales y artistas emigraron, por simpatías y por el malestar que producía la larga y con frecuencia brutal presencia del priismo, hacia la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, quien comenzó desde sus inicios rebeldes atrayendo a los intelectuales.

En 1998, los intelectuales, los artistas, votaron en masa por Cárdenas. De allí que Carlos Salinas decidiera crear el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y poner a un destacado académico, Víctor Flores Olea, y al poeta Jorge Ruiz Dueñas al frente. Su intento de recuperar a los creadores estuvo a punto del éxito. Pero ya el hartazgo era evidente y aunque muchos aceptaron el proceso renovador cultural, políticamente estaban cerca del naciente PRD.

La alternancia mandó al tercer sitio al PRI y entre su nuevo estatus y la tristeza del poder perdido jamás volvieron a acordarse de que la cultura había sido un gran soporte para ellos. Hoy el asunto reaparece dramáticamente.

Para el PAN la cultura no existe, no hay un solo intelectual en sus filas, mientras que el PRD de Andrés Manuel López Obrador, en consecuente sucesión de la etapa cardenista, sigue trabajando en la cultura. Desde hace semanas, meses, se anunció la creación de “Morena Cultural”, con un proyecto ambicioso para ponerlo en manos de López Obrador, cosa que ya ocurrió y el líder decidió que, de ganar, al Conaculta lo desaparecerá, lo hará secretaría de Estado y allí pondría a Elena Poniatowska. Es evidente, aquello fue una hábil maniobra política y el reflejo de que los intelectuales están más cerca de “las izquierdas” que del PRI y desde luego del PAN.

Es verdad, el PRI perdió de vista la cultura, luego de utilizarla con pasión primero, luego por razones utilitarias, hoy apenas si algún viejo escritor o un pintor olvidado se acercan a tal partido. Ni siquiera en los estados gobernados por priistas le han dado la importancia que merece la cultura. Los creadores o están lejos de la política (la mayoría) o trabajan en el PRD, concretamente con López Obrador.

¿Qué le pasó a los priistas? Primero se les olvidó el Distrito Federal, grave asunto, y ahora descubrimos que están muy alejados de la educación y la cultura. Dudo que tengan tiempo e interés para pensar en algunas tareas concretas en tal sentido. Han perdido el rumbo original. ¡Qué pena!

 

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