Viva “la Pepa”

Jorge Carrillo Olea

A  primera ojeada, este título en su lógica parece invocar una actitud de postergación ante nuestro texto máximo. Pudiera haber razón, pero no. Pretende referirse a un hecho que debió haberse conmemorado por tirios y troyanos tanto por su relevancia histórica como por resultar a salvo de ideologías del angosto momento que  vivimos. La referencia es a la Constitución de Cádiz, la Pepa, llamada así por haberse promulgado un  día de San José, 19 de marzo de 1812. Hace exactamente dos siglos. Doscientos años. México estaba en gestación.

A esta Constitución se le ha otorgado una gran importancia histórica por tratarse de la primera constitución que fue promulgada en España,[ además de ser una de las más liberales de su tiempo y ejemplo para otras latinoamericanas. Planteaba términos que para el momento sólo la teoría enciclopedista recogía: soberanía, independencia e institucionalización del poder.

Sus méritos: establecer que la soberanía reside en la nación y no en el rey: la monarquía constitucional, la separación de poderes,la limitación de los del rey, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, entre otras cuestiones.

Respecto al origen de su sobrenombre, al ser abrogada dos años después por el absurdo Bien Amado Fernando VII, en su defensa nació el grito popular ¡”Viva la Pepa!” sin que hoy los usuarios de él sepan porqué.

Por contra, nada es perfecto. El texto consagraba España como Estado confesional católico, prohibiendo expresamente cualquier otra religión[ y el rey lo seguía siendo “por la gracia de Dios y la Constitución” como lo fue Franco después.[ Del mismo modo, no contempló el reconocimiento de ningún derecho para las mujeres, ni siquiera el de ciudadanía.[No había misoginia, se estaba en sintonía con la mayoría de la sociedad española, las aspiraciones de las colonias y la Europa del momento.

 En lo económico, tema que ahogaba a las colonias, hubo propuestas de los diputados coloniales encaminadas a abolir la dependencia transatlántica y poner las bases de un mercado nacional con dimensiones hispánicas que abarcaran los territorios de América con reducción de aranceles a los productos de la actual Latinoamérica y apertura de más puertos para el comercio.   

La Constitución fue jurada y hecha vigente en América y su legado es notorio en la mayor parte de las repúblicas que se independizaron entre 1820 y 1830. Y no sólo porque les sirvió como modelo sino también porque esa Constitución estaba pensada, ideada y redactada por representantes coloniales como un proyecto revolucionario.  Los diputados mexicanos que participaron en Cádiz tendrían gran influencia en la redacción de nuestra constitución de 1824, primera con carácter de vasta e incluyente, dejando atrás los documentos constitucionales de Apatzingán, Chilpancingo o Zitácuaro. Fueron veintiuno, luego de ser constituyentes fueron  ministros en varios regímenes.

A partir del 30 de septiembre de 1812, en que la Constitución se dio a conocer y se juró en México, empezaron a generarse  instrucciones para ir adaptando las viejas instituciones y prácticas a las formas y lenguaje del nuevo sistema. La plaza, llamada hasta entonces plaza mayor, tomó el nombre de “Plaza de la Constitución”, según la inscripción correspondiente que se mandó poner en una lápida, hoy perdida.

Esta constitución que, salvo lo que señalen los eruditos, dio luces para las posteriores constituciones mexicanas. Hoy no se le recuerda con los méritos que tuvo. Fue un avance hasta la actualidad, fue olvidada en tan saludable oportunidad.

En este México convulso y de tan brumosos horizontes debería ser tarea de las instituciones y de los estudiosos hacer relevante todo lo bueno posible. Con la Pepa estaríamos explicando las raíces de nuestros fundamentos como país. A sus 200 años yace olvidada. ¡Cómo hace falta hacer relevante lo bueno! ¡Cómo lastima su olvido!

hienca@prodigy.net.mx