¿Electores o porristas?
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Tomar protesta como candidato significa aceptar y comprometerse con un ideario político y social. Eso representan los actos que de tiempos priistas hegemónicos nos mostraban que las fuerzas vivas del partidazo estaban ahí, con el ungido. Ya en épocas más recientes las tomas de protesta se multiplican por cuantos partidos integren una alianza. Se trata de mostrar músculo político, fuerza electoral.
¿Qué nos ofrece de sustantivo una ceremonia así, sea en estadios fallidos, o en teatros chiquitos pero llenos o en auditorios con templetes equipados con teleprompter? Nada. No nos ofrecen sus propuestas de gobierno, no nos dicen como enfrentarán determinadas circunstancias. No, en las tomas de protesta repiten lo mismo. Que ell@s son los indicados, que los otros son nefastos.
Una mala organización, el desastre producto de siempre llegar tarde, de hacer esperar, de acarrear, de calcular mal, pésimo, y luego permitir la imagen desoladora de una candidata que le habla al cemento, a la grada vacía, al acarreado que huye de la humillación y del sol. ¿Pinta eso a Josefina Vázquez Mota y su propuesta, y al PAN y su plataforma de gobierno? No.
Un montaje ante 780 consejeros del partido, el cuidado de no violentar la difusa etapa de intercampaña, y ahi mismo la puerta abierta para denunciar a la panista por actos anticipados de campaña, usar teleprompter, cuidar el copete, la figura y la foto de Peña Nieto más sus mujeres (esposa e hijas) con su adolescente hijo varón cuál excepción a la norma, ¿refleja la idea de cambio propuesto por el PRI y su candidato? No.
Protestar en el Metropolitan, donde juega de local Andrés Manuel López Obrador, como abanderado de Movimiento Ciudadano y repetir lo mismo por el PRD y PT, y hablar de amorosas propuestas políticas, de no dar más nota que medir la cantidad de aplausos que recibió él, Mancera, Camacho, Monreal y compañia, ¿desvirtuan sus afanes o mejoran su posición en las encuestas? No.
Sin embargo, parecería que a gran parte la sociedad “informada” en México le ocupará más ver si el estadio se llena y se mantiene así para cuando salga el o la candidata, si acarrean bien, regular o mal, si esconden o no el teleprompter, si escogen el Metropolitan o el Auditorio Nacional, si resbalan, tropiezan o chocan con sus palabras, con sus dominios específicos sobre literatura o inglés. Lo chusco, la chacota, lo intrascendente, lo ridículo como atractivo principal.
Al final todos acabarán con su video de “Hitler se enoja cuando…” subido en YouTube.
¿Con qué criterio vamos a decidir nuestro voto el próximo primero de julio? ¿Con lo sustantivo o con lo superfluo? ¿Con información o con anécdotas? No todos los que en México pueden votar lo hacen, y los que ejercen tal derecho podemos ser electores o porristas. Las campañas se convierten en mercadotécnia pura. Cierto. Pero así funciona, es lo que nos venden y lo que compramos.
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