Tiempo para descansar de los políticos

Raúl Cremoux

No he encontrado a ninguna persona que diga está contenta con el actual Código Federal de Insituciones y Procedimientos Electorales. Si se hiciera una encuesta con muestra representativa, y se preguntara el grado de satisfacción con la nueva legislación electoral, es totalmente seguro que saldría reprobada.

Imaginemos que se hiciera una pregunta única: ¿a usted le satisface la ley electoral que nos rige? La respuesta unánime sería negativa.

No les gusta a los partidos políticos, les molesta a los candidatos, lesiona el profesionalismo de los reporteros y analistas, hace sentir temor a los directivos y concesionarios de la radio y la televisión; a la sociedad lastima.

¿Quién pudo pensar que los hacedores y correctores de la legislación que llegaría una etapa en que ya con los candidatos ungidos y anunciados, se les pidiera guardar silencio, que sus actividades estuvieran supeditadas a no pedir el voto para cada uno de ellos y que ni benditos hablaran de sus propuestas y plataformas políticas?

En diversas publicaciones extranjeras llegan a decir que los mexicanos nos inventamos un tiempo para reírnos y para descansar de los políticos sin poder evitar caer en el absurdo: eso es el Cofipe de nuestros días.

¿Y quiénes fueron los legisladores que en 2007 fabricaron esa inmensa tontería? Son diputados, senadores y figuras públicas que viven y están entre nosotros. Comen en los mismos restaurantes y se mueven en las mismas calles. Están aquí y se sienten tan molestos como cualquier persona; ¿tienen derecho a eso?

Pero si nadie está de acuerdo con esa aberración y las derivaciones que regularizan hasta la respiración de los candidatos, ¿por qué respetamos con rigidez militar hasta la última coma? ¿Acaso no podríamos alterar esa estúpida camisa de fuerza que impide la normalidad que nos hace preguntarnos si eso es parte de la normatividad democrática?

cremouxra@hotmail.com