Escaso presupuesto

Carlo Pizano

Si observamos a la ciudad de México desde la perspectiva del turismo y quisiéramos realizar un diagnóstico, podríamos afirmar que el producto turístico es de los mejores del mundo, pero su difusión y promoción deja mucho que desear.

Esta reflexión resulta propicia ante el nombramiento del nuevo secretario de Turismo de la ciudad, Carlos Mackinlay, quien tomó protesta ante el jefe de Gobierno del Distrito Federal la semana pesada.

Nada envidiable resulta la responsabilidad del nuevo titular del turismo en la capital. Llega a dirigir la dependencia que menos presupuesto tiene de toda la administración pública; apenas, 56 millones de pesos.

En honor a la verdad, habrá que decir que no hay muchos recursos oficiales para esta estratégica función, pues para este año el Fondo Mixto de Promoción Turística tiene presupuestado poco más de 174 millones de pesos. Si es poco o mucho dinero, eso es discutible. Lo importante es su eficaz destino. Y en eso la ciudad no va bien.

En realidad, el Fondo Mixto de Promoción Turística está siendo utilizado ya desde hace varios años por las administraciones perredistas como caja chica del jefe de Gobierno en turno. En muchas ocasiones se utiliza para realizar eventos supuestamente con carácter turístico, pero que en realidad no atraen turistas que traigan derrama económica al sector.

Nuestra capital requiere ser conocida, en primer lugar, por los mexicanos que viven en los estados circundantes al Distrito Federal. Será difícil hacerlo ante la ausencia de promoción en espacios tan básicos como las carreteras que llegan al Valle de México.

Urgente resulta que turistas norteamericanos, europeos, asiáticos y latinoamericanos sepan de la variedad de museos, barrios y  gastronomía que se puede disfrutar, y no obstante la oferta, ni un anuncio promocional se ve al llegar a cualquiera de las dos terminales del Aeropuerto Internacional de la ciudad.

En fin, santo que no es visto no es adorado.