Entrevista a Fabio Barbosa Cano/Investigador del IIEc de la UNAM

Antonio Cerda Ardura

Durante las últimas décadas, la misteriosa desaparición de la isla Bermeja, originalmente ubicada por antiguos mapas a unas cien millas al norte de Yucatán, fue atribuida a un complot de senadores priistas, y hasta al uso de dinamita por parte de empresas petroleras norteamericanas, para que la propiedad territorial de nuestro país en el Golfo de México se achicara, de manera que la nación vecina del norte pudiera explotar a sus anchas los supuestos 22 mil 500 millones de barriles de crudo que existen bajo el lecho marítimo, en yacimientos transfronterizos.

Aunque desde su primera referencia, en 1535, en el mapa del portugués Gaspar Viegas, la Bermeja figuró también en trazados cartográficos de los siglos XVII, XIX y XX (la última vez fue en el Atlas Geográfico de la República Mexicana, elaborado entre 1919 y 1921 por la Dirección de Estudios Geográficos y Climatológicos de la Secretaría de Agricultura y Fomento), tres distintas expediciones, entre ellas una de la UNAM, cuyo informe fue entregado a la Comisión de Marina de la Cámara de Diputados, determinaron, en el año 2009, que la ínsula no existía y que no había vestigios de su posible ubicación en las coordenadas geográficas en las que, se supone, debía estar: latitud 22 grados con 33 minutos al Norte, y longitud 91 grados con 22 minutos al Oeste. Tampoco se hallaba en una ubicación alterna propuesta por la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA): latitud 22 grados con 55 minutos al Norte, y longitud 91 grados con 36 minutos al Oeste, y consignada por el sitio web de la empresa Traveljournals.net (http://www.traveljournals.net/explore/mexico/map/m2325694/islote_bermeja.html)

Si bien la isla Bermeja dejó de ser representada gráficamente desde 1953, cuando se publicó el mapa México y América Central, en The National Geographic Magazine, en particular, la última de esas expediciones de 2009, en la que participaron el historiador y cartógrafo francés nacionalizado mexicano, Michel Antochiw, y el profesor Fabio Barbosa Cano, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, confirmó no sólo la no existencia de la ínsula, sino la falta de un archipiélago completo, las islas Negrillos, y de otras formaciones como el llamado “banco Arias”.

La ausencia de la isla Bermeja provocó que cuando se negoció la zona económica exclusiva de nuestro país (1976-1978) y el Tratado Clinton-Zedillo, que fijó las fronteras México-Estados Unidos en las aguas del Golfo de México (9 de junio de 2000), la soberanía marítima mexicana quedara restringida al Paralelo 26. Es decir, a México le tocó una porción menor de la región marítima.

¿Qué fue lo que pasó con la Bermeja y con otras supuestas islas mexicanas? En entrevista con Siempre!, el propio profesor del IIEc-UNAM, Fabio Barbosa Cano, sostiene que la desaparición de esa ínsula y de otras formaciones se debe al peligro más grave que pueden estar enfrentando México y el mundo: la elevación del mar por el deshielo producido en los polos por el calentamiento global.

“El cambio climático”, indica, provoca que “una parte importante de las costas mexicanas en el Golfo de México estén siendo amenazadas por la elevación del nivel de las aguas”.

Barbosa asegura, por otra parte, que el Acuerdo México-Estados Unidos Relativo a los Yacimientos Transfronterizos de Hidrocarburos en el Golfo de México, firmado el pasado 20 de febrero por el gobierno de Felipe Calderón y el de Barack Obama, sí contiene cláusulas oscuras que mantienen en secreto información geológica sobre la proporción de petróleo que le toca a cada nación.

El investigador demanda al Senado toda la información necesaria para que las comunidades universitaria y politécnica se aseguren de que en el marco de ese pacto haya una distribución equitativa del crudo.

 

Ya no hay isla

Con el nuevo tratado México-Estados Unidos para la exploración de yacimientos petroleros transfronterizos, se revivió un poco la vieja polémica sobre la desaparición de la isla Bermeja. ¿Cuál es o cuál fue la importancia de esta isla?

El asunto de la Bermeja sí tenía relación con el problema del petróleo, pero la investigación no había podido llegar a las páginas de la prensa seria y responsable como la revista Siempre! La realidad es que desde 1976, cuando se fijaron los límites marítimos entre México y Estados Unidos en el Golfo de México, siendo presidente el licenciado Luis Echeverría, la isla ya no figuraba en los mapas. Podemos consultar los archivos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, y la isla no aparece. Su existencia hubiera permitido arrojar la frontera de México más allá del Paralelo 26, pero tuvieron que tomarse en cuenta las islas existentes en este momento, las cuales son las de Arrecife Alacranes, que se encuentra aproximadamente a unos 130 kilómetros de distancia del litoral de Yucatán. Es decir, con esta desaparición a México le toca una porción menor del Golfo de México.

En los mapas no está consignada, pero la isla existía. En alguna ocasión, tras una expedición, se dijo que estaba hundida.

Esa es, efectivamente, una afirmación que se hizo en el Senado de la República, de que en alguno de esos viajes la isla había aparecido hundida. La Universidad Nacional Autónoma de México realizó un recorrido muy minucioso y encontró que no se hallaban restos, escombros o sedimentos que permitieran sustentar esa afirmación.

Tras distintas expediciones y observaciones que han hecho investigadores como usted, se ha llegado a la conclusión de que no es sólo esa isla la que está desaparecida.

Así es. En junio del año 2009, un grupo de investigadores, entre ellos el destacado Michel Antochiw y su servidor, hicimos un recorrido y pudimos constatar directamente que no solamente había desaparecido la isla Bermeja, sino todo un archipiélago. Esa formación está registrada en los mapas como las islas Negrillos y eran un conjunto de seis o siete ínsulas. Desde luego, debe de aclararse que hay también un problema de imprecisión conceptual. Los niños en las escuelas aprenden que isla es una masa de tierra rodeada de agua por todas partes, pero todas las islas del Golfo de México, incluida la más grande, que es en la que se encuentra Ciudad del Carmen, son formaciones arrecifales.

¿Entonces la Bermeja no era en realidad una isla, sino un arrecife?

Un arrecife. Frente a las costas de Yucatán se encuentra otro enorme arrecife que se llama Alacranes. Otros arrefices a los que todavía se les denomina islas, son Pájaros, Pérez, Huesos, etcétera. Estos arrecifes son muy sensibles a los cambios de temperatura y ésa podría ser una hipótesis de la desaparición de la isla Bermeja. Tendrían que ser los biólogos, los oceanógrafos y los expertos en los estudios de cambio climático los que tendrían que corroborar esto, pero nosotros observamos que hay una elevación de las aguas en el Golfo de México. Es muy serio y muy delicado lo que voy a afirmar, pero una parte importante de las costas mexicanas en el Golfo de México están siendo amenazadas por la elevación del nivel de las aguas. Me refiero concretamente a las costas de Laguna Madre, en Tamaulipas; de Laguna de Alvarado, en Veracruz; de Tabasco, e incluso a una parte de las costas del estado de Yucatán cercana a Río Lagartos. Y si estas tendencias continúan, nuestros hijos o nietos van a ver que las pocas islas que todavía existen van a quedar sumergidas bajo las aguas.

 

Secretos del acuerdo petrolero

Algunos de quienes se refirieron a Bermeja llegaron a afirmar que, por causa del petróleo, a esta isla la hicieron perdediza y se dio la complicidad del gobierno mexicano en un pacto oscuro con Estados Unidos. ¿El problema real es el calentamiento global?

En parte… Pero usted tiene razón cuando habla de pactos oscuros. El 20 de febrero pasado, se firmó este otro tratado, que podríamos llamar “(Patricia) Espinosa-(Hillary) Clinton”, que tiene que ver con la probabilidad de que existan yacimientos de petróleo que crucen la frontera México-Estados Unidos en el Golfo de México, o el Paralelo 26 grados Norte. Si hay yacimientos, eso está todavía por verse, aunque, desde mi punto de vista, sí hay muy altas probabilidades de que los haya y se trate de depósitos gigantes. Lo importante es que sigue habiendo cláusulas dudosas que, quienes estamos interesados en la defensa del petróleo de México, cuestionamos e impugnamos. Algunas de estas cláusulas establecen que muchas informaciones, entre ellas la geológica, van a mantenerse como confidenciales. Puede ser que la información geológica tenga que ser confidencial en la legislación estadounidense, porque allá se trata de propiedad de empresas privadas. Pero en el caso de México, todavía está vigente el artículo 27 constitucional que señala que los recursos naturales que se hallan dentro de los límites territoriales del país, como el petróleo, son propiedad de la nación mexicana. De tal manera que tiene que ser revelada toda la información geológica que permita decir qué proporción de los yacimientos se encuentran del lado norteamericano y del lado mexicano. ¿Qué tal si de este lado está el 80 por ciento y los norteamericanos nada más tienen un 20 por ciento? Debemos saber si son yacimientos cuyos espesores son muy altos o si se trata de depósitos pequeños. Esa es información geológica que no puede ser confidencial, como está actualmente establecido en el tratado. Yo llamo desde estas páginas a los senadores para que esas cláusulas, aunque puedan tener vigencia en Estados Unidos, no la tengan en México, y para que permitan que la Facultad de Ingeniería de la UNAM y los ingenieros de Ciencias de la Tierra del Instituto Politécnico Nacional estén plenamente informados de todos esos mapas, cuadros, estimaciones, cálculos y mediciones que nos den certeza de que realmente hay una distribución equitativa del crudo.

¿En esta nueva situación, la isla Bermeja ya no tiene nada que ver con el petróleo?

Desde mi punto de vista, el asunto de la isla Bermeja es algo muy importante que debemos de seguir profundizando. El cambio climático y los estudios, por ejemplo, del doctor Mauricio Schoijet, de la Universidad Autónoma Metropolitana, deben ser considerados con mucha seriedad. Pudiera ser que uno de los inconvenientes más graves que está enfrentando México, y me atrevo a decir, la humanidad, es el del cambio climático. Este problema puede causar verdaderas catástrofes en unas pocas décadas y no está siendo considerado por intereses políticos y visiones de muy corto plazo, de empresarios o de una burguesía que han perdido la perspectiva histórica y que sólo están viendo la manera de hacer negocios inmediatos.