El “dedazo” no da buenos resultados
Jorge Carrillo Olea
Los episodios electorales que vivimos son desoladores. Parecen motivados por una arrasadora pandemia política. Pocos e irrelevantes son los que se salvan. No se ven aún los candidatos meritorios, admirables. Todos los partidos patológicamente parecen infectados. Tendremos la peor legislatura federal de la historia, que es mucho decir. ¡Quién es el relevo de Rosario Green, de Pablo Gómez o de Porfirio Muñoz Ledo!
Así parece que le pasa al PRI del estado de Morelos en su proceso electoral, ¡nada! Se ha logrado un embrollo total, absoluto, por diseño, sistemático, perfecto. Nada salió bien, ¡seguramente así debió haberse planeado! No sólo los priistas, sino la población en general están pasmados e indignados. Una expropiación de la política para beneficio propio.
Un candidato a senador ya defenestrado que es la figura pública más detestada del estado y que ha demostrado que lo merece. El asegura ser protegido de Enrique Peña y de Luis Videgaray. Por como estos toleraron su grave sicopatía puede ser que sí. Finalmente lo han echado, no como un acto de justicia, eso no existe en el PRI. Con su expulsión sólo quisieron proteger la elección.
Mas hay que rescatar un hecho peor por ser general: el recurso del dedazo, tan privilegiado por ellos, no les da buenos resultados. Con su autoritarismo usado a extremo mostraron ser todo un peligro, peligro que en Morelos echaron a andar y no supieron controlar.
El otro candidato a senador es un reconocido abusador a extremo no de la política sino de las estructuras del partido. El hoy candidato a presidente municipal de Cuernavaca es tránsfuga del PRI, ex gobernador sustituto, luego funcionario de gobiernos panistas por años. Está afiliado al PAN, fue demostrado con documentos, mediocre e inescrupuloso.
Un presidente del comité directivo estatal que, como compensación por no regalarle la gubernatura, sin calcular consecuencias le regalaron ese puesto. Resultado: siendo terriblemente arrebatado y voraz tiene vivos conflictos con el candidato a gobernador, con el coordinador de la campaña de Peña Nieto, está repartiendo presidencias y diputaciones como si fueran su heredad. Olvidaron cómodamente en el CEN que quebró las finanzas de Cuernavaca.
A su hermano le adjudicó un distrito, a sus antiguos seguidores, gente muy impugnada, igual. Su respectiva presidencia o diputación. El mismo ocupa el primer lugar plurinominal. Otro distrito va a un señor de más de 80 años y seriamente limitado de salud. Ese es para cumplir cuotas con el pasado.
La situación para el futuro inmediato, para las campañas y las elecciones se torna negra. Los opositores del PRI aplauden. Todo ese desastre les beneficia. Aunque ellos también van mal. Pero parece que en el CEN nadie lo nota, o más bien nadie asume las consecuencias de lo que provocaron, está claro que no saben o no quieren hacer lo suyo. Todo se decidió allá, nunca nadie en Morelos tuvo oportunidad de decir nada. De los muchos delegados, incluidos varios ex gobernadores, ninguno hizo su tarea, todos flotaron. ¿Habría que conformarse?
Por otro lado, el país entero va mal. ¿Qué esperar si los tres candidatos parece que, con encuestas y sin ellas, en el sentir ciudadano van a la baja, si cada día pierden la confianza, el aprecio y el respeto? Se han vuelto motivo de una chunga que no promete nada bueno.
Parece que las festinaciones de hace unos meses se terminaron. Era cuando doña Jose y Enrique Peña no tenían roce con la realidad, cuando estaban dentro de un capelo y nadie les adjudicaba ningún defecto. Hoy enfrentan sus realidades. Andrés Manuel López Obrador sigue en sus anacronismos y evasiones que a nada le llevarán. Los resbalones de Peña y su virrey Videgaray que anuncia nuevos impuestos para ganar adeptos, los traspiés de doña Jose con la UNAM y el Rayito de Esperanza contradiciendo sus tesis no anuncian ningún entusiasmo electoral. Visto así, ¿en Morelos habría por qué preocuparse?
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…Suspensivos. Doña Jose nos tranquilizó. Garantizó que nunca se pone high ni es comadre del Chapo. De lo que no habló es de las relaciones y compromisos financieros de su campaña e hipotético gobierno con los hipermillonarios.
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