Martín Bustamante
La pintora Gloria Cuevas cuenta con más de tres décadas en su quehacer artístico. Sus cuadros exponen, principalmente, la naturaleza a través del paisaje y la naturaleza humana donde los rostros y los desnudos son trazados con lo que la artista define “pintura figurativa”. La pasión de Gloria Cuevas por pintar se desata al estar casada y con cuatro hijos. Así se inicia en la aventura del arte. La labor en su estudio, en muchísimos casos nocturna, acompañada de varias tazas de café, empezó a crear su propio estilo. Y el pincel se iba deslizando hacia el mar, al padre y también al anciano que miraba desde su infancia. Infancia que se nutrió de imágenes del mágico pueblo de Chimalistac, donde convivió de manera cercana con la naturaleza y, ahora, su imaginación recrea y reconfigura esos paisajes al plasmar las vibraciones y la nostalgia de un lugar.
En su casona antigua, rodeada de árboles, nos recibe para profundizar en su pintura.
—La pintura ha tenido una presencia importante en usted…
—Vivo para la pintura y a través de ella. Mi vida en este momento gira alrededor de pensar qué voy a pintar, cómo resolverlo, qué me gustaría plasmar. Me encanta este reto que me hace vibrar, sufrir, gozar…, y en ello me pierdo y me encuentro. Nunca podré alejarme de la pasión por pintar.
—En varias facetas se ubica su obra, ¿cómo la define usted?
—Figurativa. Trabajo el retrato, la figura humana, el paisaje…, y siempre me aprehendo de la emoción para que lo figurativo destaque, es decir, que el lugar sea menos real, que la imaginación y el sentir formen una presencia.
—¿Cómo formula el tema de su cuadro?
—La disciplina, el tiempo, el espacio y la soledad es lo que necesito para descubrir el tema. Después, aunque a veces en principio no está claro el rumbo, empiezo a pintar y el contacto con el lienzo parece ayudarme en dar los tonos y buscar las formas que me van guiando hacia otros puntos que no imaginé. Es el misterio que dirige mi mente y mi mano sin saber el punto exacto donde voy a llegar, es como la magia de unir los sentidos con el pincel. Magia que se transforma con los matices y los colores.
—¿Qué sensaciones le vienen al finalizar una pintura?
—Es difícil expresarlas. Al dar por terminado un cuadro lo abandono un tiempo, y lo dejo quedándome con la sensación de que siempre puede haber algo más en él, pero debe tener su frescura. Cuando regreso a él puedo llegar a creer, por mi inquietud, que pudo haber algo más pero es el momento de que él mismo lo exprese. Inevitablemente me transporto a otro lienzo.
—¿Qué pintores han marcado en usted una influencia o la han motivado de algún modo en su pintura?
—Hay tantos a los cuales admiro y que han sido pilares para mí como Rembrandt; Caravaggio; Murillo o Van Gogh, quien era un apasionado del paisaje, de los amarillos luminosos, de los trigales, de los pueblos franceses y se obsesionaba al captar los atardeceres, los amaneceres…, el tiempo no existía para él pues se detenía en los paisajes que iba plasmando sin darse cuenta de las horas y, por otro lado, parecía no existir el cansancio para él por estar en un mundo íntimo.
Gauguin era muy temperamental, mantenía una complicidad con Van Gogh, cada uno de sus formas. Gauguin es figurativo y simbolista, era banquero, una persona de éxito con un estatus social alto pero terminó por dejar todo para escaparse a las islas Polinesias, y fue ahí donde encontró su mundo, vivía con lo mínimo, rodeado de mujeres hermosas opuestas al mundo occidental donde nació. Pintores como Miguel Ángel, Da Vinci, Tiziano, Goya mantienen siempre una creación joven e innovadora. Picasso decía que los cuadros son investigaciones y experimentos: “nunca pinto una obra de arte. Mi deseo es llegar a la abstracción, a la sintonización de la forma y el color, sacar la esencia de uno mismo”. De José Luis Cuevas, a quien admiro profundamente y con quien no tengo ningún lazo sanguíneo, hubo una época donde no lo entendía hasta que tuvo que venir la madurez para empezar a descubrirlo en esos seres que pinta deformes, mutilados, de una fealdad que va más allá de lo que plasma. Es lo que él capta en la Merced, en el Metro, en un burdel, en los rostros de los políticos…
En cuanto a mi trabajo artístico siento que he pintado sin tendencias, sin copiar a nadie, sin obstáculos de influencia directa, sólo creando y recreando en mi caballete.
