Actividad lucrativa
René Avilés Fabila
Está visto que la política en México, como en Estados Unidos, se ha convertido en una actividad comercial con frecuencia lucrativa. Si antes el elector y la población en general observaba las cualidades y defectos del político, hoy atiende a sus mensajes como si fueran un producto comercial. En lugar de solucionar problemas, va a sanarlos o a revenderlos o a utilizarlos. Son marcas registradas, y los partidos empresas, negocios que reciben grandes sumas por sus productos. Por ello, los aspirantes presidenciales, por ejemplo, no se rodean más de asesores expertos en política o en periodistas especializados, lo hacen de profesionales de la publicidad.
Las consecuencias de estos cambios son desastrosas. Ahora cuenta la moda, el peinado, el maquillaje, el mal uso de las palabras o mejor dicho, su cambio. No es posible hablar de cambios sociales como los propuestos por socialistas y comunistas del pasado, ahora es república amorosa y ayuda a los pobres, a los desamparados. Limosnas, no trabajo o certeza de seguridad social impuesta por el Estado. Todos piden dinero a la sociedad para mal hacer lo que tendría que llevar a cabo el Estado. La política del teletón prevalece.
Recuerdo que esto empezó cuando los especialistas de modas, autoestima y personalidad, declararon abiertamente que Cárdenas daba una impresión negativa a causa de su incapacidad para reír, criticaban su seriedad. Como si en la política reírse fuera de utilidad. Ni Benito Juárez ni Lázaro Cárdenas eran dados a hablar en exceso, probos, sobrios en sus modales y palabras, no solían festejar a carcajadas para ganar votos. Hoy parece que es la tónica. Los programas y los proyectos apenas cuentan. Tenemos a los candidatos en escaparates. Gana el más simpático, el más duro caudillo (en esto poco hemos cambiado, somos un país de dirigentes severos, a veces desquiciados), no quien tiene en las manos un serio y probado bagaje político económico para resolver los problemas nacionales que nos agobian desde hace décadas.
Para posicionar a un candidato se requiere no propaganda política sino de publicidad. En tal sentido, los tres grandes aspirantes a la presidencia cumplen ya con los requisitos que los venderán mejor ante un electorado desconcertado. Peña Nieto y Vázquez Mota entienden bien el problema, López Obrador no tanto, pero ya se apresura a formar un equipo de asesores de imagen. Lo vemos vestido más formalmente y preocupado por las cosas que dice, aunque sigue siendo imprudente y poco reflexivo, contradictorio. Curiosamente fue este último quien ha acusado a sus oponentes de ser producto de la mercadotecnia, pero al ver que siguen mejor posicionados que él, ha modificado sus criterios y aceptado que no puede ganar a la manera tradicional.
Como vamos, ahora en las cámaras legislativas y en los textos presidenciales, no tardarán en aparecer anuncios de diversos productos comerciales, con el pretexto de que las ganancias serán para los niños desamparados, que no son pocos.
La ciencia política clásica ha sido sepultada por la vulgar mercadotecnia, símbolo de la globalización.
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