Pensamiento a fondo

 


Patricia Gutiérrez-Otero

 

El día 22 del presente mes, Javier Sicilia y otros tres integrantes de Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (mpjd), tienen previsto entregar en el Vaticano, en manos del monseñor Mario Toso, secretario del Pontificio Consejo de Justicia del Estado Vaticano, una carta dirigida a Benedicto xvi, para que se la haga llegar antes de su viaje a México. Sicilia señaló que se le invitó a participar en la recepción del Papa en nuestro país, pero que no quiso entrar en el show mediático.

Benedicto xvi, por su parte, deberá llegar a nuestro país el viernes 23. Su visita se centrará en el Estado de Guanajuato. El temor, desde el momento en que escribo esto, es que los grupos derechistas católicos aprovechen para apuntalar a su candidata a la presidencia e impedir reformas en las leyes relativas a la libertad de expresión, el aborto, las uniones o matrimonio entre homosexuales. Mientras la derecha coloca posters apoyando la visita del Sumo Pontífice diciendo que México es católico y aplaudiendo que haya reconocido a los mártires cristeros (ya toda una implicación política en cuanto a la relación Iglesia-Estado), escritores y grupos críticos sacan a relucir trapitos sucios ligados con Marcial Maciel, los sacerdotes pedófilos, las inversiones del Banco Vaticano, la pertenencia de Ratzinger en las juventudes fascistas…

En este contexto resulta reveladora la carta de Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado en la Pascua de hace un año. Hombre de izquierda no marxista, más bien de corte anarquista-cristiano, movilizado por causas sociales desde su juventud, líder carismático del mpjd a favor de visibilizar a las víctimas de la guerra contra el crimen organizado emprendida sin ton ni son por el presidente espurio, Javier es también un hombre de fe y de Iglesia, como sostiene él mismo.

Con palabras conmovedoras de profunda fe y, para algunos, de inmensa ingenuidad, hace un llamado al “Santísimo Padre y hermano en Cristo”, en cuanto “Vicario de Cristo”, y no como representante de un Estado, exponiendo la situación en el país, pidiéndole escuchar al pueblo sufriente de Mexico: “Cuando llegues a México, amado Benedicto, […] queremos recordarte que detrás del decorado mediático y político que como siempre te montarán para borrar el cuerpo de Cristo mientras los que dicen representar la palabra de Dios y los que dicen representar la palabra del pueblo lo mantienen secuestrado en el banquillo de los acusados”.

Javier Sicilia manifiesta en su carta confianza en el Obispo de Roma, al que en repetidas ocasiones llama “amado Benedicto”, citando un fragmento que escribió el Papa en su “Jesús de Nazareth en relación con la parábola del Buen Samaritano: Esa parábola, escribiste, ‘nos da a entender que el agapé [el amor] traspasa todo tipo de orden político con su principio do ut des [“doy para que des”], superándolo y caracterizándolo de modo sobrenatural. […] Los últimos serán los primeros (Mt. 19, 30)”.

Sin embargo, Sicilia también reconoce que Benedicto xvi puede no ver ni escuchar, y en sus palabras resuena un vago temor que no sé interpretar: “Si tú no la das [la respuesta amorosa del Padre], amado Benedicto, si tú no reconvienes a nuestra Iglesia para que, como la madre que debe ser tome […] la causa del hombre, del Cristo vilipendiado, que es la causa de Dios, la esperanza en la comunión profunda de la resurrección quedará destrozada en el cuerpo humillado de Cristo que es hoy México, [las cursivas son mías], Centroamérica y todos aquellos que aguardan la respuesta del Padre al mal y la injusticia que nos destroza”.

Seguiremos con cuidado los pasos y palabras de Benedicto xvi esperando que responda al pedido que le hace Javier Sicilia en nombre del pueblo crucificado en nombre.

Además opinamos que se respeten los Acuerdos de San Andrés, se limiten los monopolios en México, se detenga de manera integral contra el crimen organizado…

 

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