El presidente Calderón
Raúl Rodríguez Cortés
En su libro Calderón de cuerpo entero, Julio Scherer García reproduce un largo testimonio del ex presidente del PAN, Manuel Espino, que entre otras muchas cosas dice: “Creo que el licenciado Felipe Calderón se ha comportado como un mandatario que ha violado la Constitución como le ha venido en gana (y) creo también que lo han vencido viejos hábitos y la enloquecida pasión por el poder personal”.
Otro de los entrevistados por el fundador de la revista Proceso es Gustavo Carvajal Moreno, ex presidente del PRI, que coincidió con Calderón en diversas tareas cuando ambos fueron diputados de la LV Legislatura del Congreso. El priista cuenta que, por la relación legislativa entablada en la cámara de diputados, se sintió en la confianza de regalarle una caja de puros. Al colérico rechazo del regalo siguió la frase lapidaria del hoy presidente: “Mi padre me enseñó a odiar a los priistas”.
Un testimonio más es de Alfonso Durazo, ex secretario particular de Fox que reflexiona así: “Calderón ha terminado dominado por su sentimiento partidario, por su sectarismo”.
Semejante maniqueismo es inquietante porque nadie sabe qué fuerzas podrían desatarse desde la Presidencia para evitar que la voluntad popular le arrebate el poder a él y a su grupo y, de ocurrir así, que respete la decisión.
Y en ese sentido ya ha habido varias señales, una de ellas la mas reciente: el 23 de febrero, reunido con consejeros de Banamex, Calderón ¾según filtración de uno de ellos¾ les dijo que la elección presidencial sería muy reñida y, en ese contexto, presentó una lámina según la cual su candidata, Josefina Vázquez Mota, ya estaba a cuatro puntos de Enrique Peña Nieto.
Ese resultado no es consecuente con el promedio de los de cinco encuestas públicas más recientes que dan al priista 50%, a la panista 29% y al candidato de la izquierda 20%. Pero si encuesta y datos presentados por Calderón son reales, tendría que mostrar el sondeo. Si no lo hace, estará una vez más violando la ley.
Ante la inocultable intromisión, Calderón aprovechó el Día de la Bandera para proclamarse un demócrata que no se entrometerá en el proceso electoral y que respetará sus resultados.
Pero el asunto se desinfló. Los priistas se dijeron satisfechos con la promesa hecha por Calderón de no meter las narices en la elección. En la víspera, el martes 28 de febrero, Calderón había recibido en Los Pinos al líder nacional del PAN, Pedro Joaquín Coldwell, quien también se dijo satisfecho con la promesa presidencial.
A la maniobra ha seguido la estrategia de arrumbar al candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador a un lejano tercer lugar, con el insistente mensaje de que la contienda será PRI-PAN y con la estrategia de una especie de “desafuero médico” que insiste que El Peje está cansado y enfermo, y que su propuesta es vieja, como viejos son a quienes propone como miembros de su gabinete.
Incluso Vázquez Mota ¾aconsejada por sus publicistas¾ dijo que dicho gabinete sumaba mil 500 años, como si nuestro país no necesitara esos mil 500 años de experiencia para resolver el desastre que han traído estos jovencitos de la alternancia.
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