Alfredo Elías Calles/Autor de Yo fui Plutarco Elías Calles

Eve Gil

Yo fui Plutarco Elías Calles (SUMA de letras, 2012) no requirió sacar provecho del Bicentenario para atraer reflectores. Su autor, el sonorense Alfredo Elías Calles, no es solo nieto del personaje en cuestión: es un escritor de comprobadas tablas; autor, entre otros libros, de una divertida e ingeniosa colección de relatos, La familia Nalga, recientemente reeditada por Punto de Lectura.

Yo fui Plutarco Elías Calles está, además, narrada en una primera persona bastante verosímil y salpicada de modismos sonorenses que a los lectores oriundos de aquella región, nos hacen evocar el terruño (aunque no faltará quien se queje por ello).

Fue un gran lector

Pero lo mejor de este libro es que, si bien Alfredo exalta algunas virtudes desconocidas de su abuelo —la de ser un gran lector, por ejemplo, y esto lo escribió varios años antes de la “metida de pata” de Enrique Peña Nieto en la FIL de Guadalajara— es que, muy lejos de entregarnos una hagiografía, o siquiera una reivindicación, nos los muestra, sencillamente, como un ser humano, particularmente en lo referente a debilidades carnales.

“Es una responsabilidad —dice— muy delicada, sobre todo si se trata de tu propio viejo. Punto y aparte de historia y literatura, en este trabajo hay implicaciones de tribu, en mi caso, de honor, después de setenta años de silencio en torno a él. ¡Finalmente descubres que para nada se trata de una casta divina!”.

“Una vez escuché decir a Jean Meyer que siempre se había sentido asombrado de la capacidad de decisión de Calles —continúa el autor—. Nunca guardó papeles en el cajón para mañana. Los problemas eran muchos y el tiempo poco. Antes el periodo presidencial era de cuatro años, no olvidemos eso”.

La influencia de la abuela

Alfredo Elías Calles, quien desde hace muchos años radica en Camboya donde se desempeña como periodista, con lo cual ya tiene tema para una gran novela (sin contar la anécdota del tiempo que pasó en prisión en la década de los 70, por montar la “indecente” obra Hair en México), señala que, contrario a lo que pudiera pensarse, contar con información de primerísima mano sobre su personaje no le facilitó las cosas: “La investigación histórica fue muy difícil, radical y larga; muchas fuentes, muchos papeles. Estoy relatando el Elías Calles ser humano, el pobretón, cómo fue, estaba jodido el tipo. ¡No fue a Harvard, coño! Ramón Corral, siendo ministro de Porfirio Díaz, le otorgó su nombramiento de maestro cuando todavía no cumplía los 18. Hasta allí es Plutarco Calles. El había sido adoptado por sus tíos a la muerte de su madre, y los nombres de sus tíos eran don Juan Bautista Calles y la tía Pepita, hermana de la madre muerta. Cuando llega a los 20 años siente inquietud y se mueve a Guaymas, y ahí encuentra a la abuela paterna y ella le dice: «Te voy a platicar de tu raza, te voy a decir quién eres tú»”.

“Esa abuela —prosigue el autor— es determinante porque es la que le insufla orgullo a Calles, y es hasta entonces que opta por insertar el «Elías» en su nombre supuestamente compuesto, pero «Calles» es el apellido que se impone”.

Le señalo a Elías Calles que en su novela, Carranza no es asesinado por órdenes de Alvaro Obregón como se ha manejado de manera casi oficial: “¡Es un hecho! El viejo Carranza se les voltea, la persona a quien había nombrado como sucesor era sonorense también —Bonillas—. ¡Pero era sonorense de traje!…. ¡Fifí! Después de lo que había hecho Obregón por él, el viejo le dice: siempre no. Carranza comete la locura de llevarse el gobierno de regreso a Veracruz cuando le faltaban meses para concluir su gestión. Cuando realiza el viaje para allá, en tren y a caballo, llega el momento en que no puede continuar (recordemos que era un anciano para la época: sesenta años), pero estaba necio. Ahora bien: la gente idolatraba a Obregón, es el único soldado nuestro que jamás perdió una batalla, había incluso una admiración ciega, era como artista, y en esos años era muy bien parecido y carismático”.

Elías Calles reitera lo que queda estipulado en la novela: Calles y Obregón era juaristas de corazón. Su aversión contra el clero no tenía que ver con las creencias religiosas del pueblo, sino con el inmenso poder adquirido por el gremio católico y que, varias décadas más tarde, ante la realidad actual de que la Biblia pareciera estar por encima de la Constitución, hasta el más férreo antipriista no puede sino concederles la razón a los fundadores de esta partido, es decir, los propios Calles y Obregón.

Blades es un buen músico

“En mi libro —dice el autor— documento el enriquecimiento desaforado de la Iglesia, incluso cómo, cuando en tiempos de guerra se violaba la correspondencia, se descubrieron cientos de amoríos entre curas y señoritas de alta alcurnia. Además obtenía terrenos a través de prestanombres y cuando se planteó que se le cobraría impuestos, el descontento estalló. Calles incluso accedió a dialogar con el clero en presencia de tres senadores de la república. Les habló de obediencia a la Constitución, a lo que uno de los prelados respondió: «Nosotros solo debemos obediencia al Papa», a lo que Calles atajó: «Si de las leyes y la república se trata, la ley es la Constitución y yo soy el presidente. Si no están de acuerdo acudan al Congreso para que cambien la ley; en tanto, nosotros vamos a defender la ley»”.

Entre las anécdotas familiares, existe una que Elías Calles no puede dejar de narrar: “Cuando se casa la mayor de mis tías, en 1920, Calles se niega a llevar a su hija a la iglesia, y mira que era su hija preferida. Pues Obregón se ofrece a tomar su sitio y Obregón, mocho de un brazo, presidente de la república, claro anticatólico, se arma de cojones, toma del brazo a mi tía, y la entrega en el altar de la iglesia”.

Para finalizar, le pregunto al autor de Yo fui Plutarco Elías Calles qué opina de la película Cristiada, dirigida por Dean Wright, donde Andy García interpreta a Gorostieta, líder del movimiento cristero, famoso por cruel y sanguinario, que aquí es una especie de santón guerrillero, y Rubén Blades realiza una “peculiar” interpretación de Calles.

“¡Blades es un buen músico!, ¿no?”, dice entre carcajadas este trotamundos y gurú fantasioso.