Juan José Reyes
Para los mexicanos Estados Unidos es muchas cosas a la vez: un país admirable, al que inclusive llega a envidiarse; un país de libertades plenas, comenzando por las políticas (“Frente a la Casa Blanca puede insultarse al presidente gringo sin que pase nada… En México, también, frente a Palacio Nacional”, decía un chiste que circuló hasta hace poco entre nosotros); un país imperialista, fuente y encarnación de todos los males del planeta; el paraíso del consumo, de la moda; el centro vivo del arte y la cultura; un país (casi) sin raíces históricas; una nación contradictoria, que oscila entre el puritanismo y todos los excesos…
El ensayista español Vicente Verdú, crítico agudo de los aconteceres culturales de la globalización, pone delante del espejo a los propios estadounidenses: ¿qué es Estados Unidos para sus propios ciudadanos? Como todos los nacionales, los estadounidenses están orgullosos de ser lo que son, pero al mismo tiempo parece no tomarse muy en serio los símbolos de su nacionalidad: ponen su bandera en los cestos de basura, como si cualquier cosa, e interpretan su himno nacional en versiones musicales distintas, que incluyen ritmos de moda. Son ejemplares productores de riqueza pero también son los campeones del ocio: fabrican dólares mientras beben cerveza delante de televisores donde aparecen hombres tratando de llevar un cuerpo ovoide a zona enemiga. Son los primeros en todo, y éste es su primer signo. En sus planes escolares poco atienden al resto del mundo (ni a México, su país vecino, lo toman en cuenta) en espera de que el mundo sea el que voltee hacia su vasto territorio. De algún modo tienen razón: los mexicanos, por ejemplo, saben el nombre de más ciudades yanquis que de ciudades propias. Si uno le pregunta a un aficionado al llamado futbol americano donde está Green Bay hallará rápida y satisfactoria respuesta, pero si lo interroga por la capital de Nayarit encontrará probablemente pura ignorancia. Los estadounidenses, dice Verdú, han fabricado su propio planeta.
Sucede que ese planeta está en una galaxia, recuerda Verdú. Y en ella existen también los europeos, y los chinos, y los otros americanos, y los otros asiáticos, y los africanos. Ser estadounidense es cada día sin duda tarea más ardua, incómoda.
Vicente Verdú, El planeta americano. Anagrama, Barcelona, octava edición (Colección Compactos, 206), 2010; 171 pp.
