Alberto Ruy Sánchez/Autor de Elogio del insomnio

Eve Gil

Nadie imaginaría que un autor con la vitalidad y la inagotable imaginación de Alberto Ruy Sánchez sufriría un problema que para algunos es un auténtico martirio: el insomnio. En su caso, sin embargo, ni siquiera debiera insinuar que “lo sufre”, porque como lo señala en su más reciente libro, Elogio del insomnio (Alfaguara, México, 2011) es de los privilegiados que necesita dormir muy poco para subsistir…y en su particular caso, la noche enciende su creatividad en vez de apaciguarla:

 

Cuando se sueltan las imágenes

“…Es el reposo de la verdad de la noche durante el engañoso discurrir del día. El sol, la razón, la modernidad a ultranza nos hace vivir la ilusión de que la vida es más simple de lo que la noche muestra. El día pretende desprestigiar a la noche poniéndola en el ámbito de la fantasía. Pero ya se sabe que la verdadera vida es la nocturna.” (p. 27)

“El insomnio es un momento en que se sueltan las imágenes —explica el autor de el fascinante quinteto de Mogador, publicado desde 1987, traducida a varios idiomas y reeditada otras tantas, siempre con una portada distinta y cada vez más hermosa por su casa editorial, Alfaguara—;  el momento propicio para escribir; para permitir que te habiten momentos y espacios de la vida que no habías descubierto qué tan importante eran para ti… hasta que se te aparecen en el insomnio: el ámbito de las apariciones”.

“Para la mayoría de la gente —continúa con una gran sonrisa— resulta muy desagradable, cierto, no solo porque se la llevan dando vueltas sobre la cama y se tuercen la espalda, sino que además se dejan habitar por los peores momentos de su vida, y al día siguiente no solo están cansados, sino llenos de nubes; cargados de lo peor de su vida, multiplicado por la imaginación, porque esos diálogos se tienen con la gente con que uno se pelea, o se quiere pelear, o con los problemas, son delirantes. ¿Por qué, mejor, no se pone uno en disposición de recibir la luz? Además, como soy muy alto, no puedo ponerme a dar vueltas en la cama (risas) y como no me propongo torcerme la espalda, me quedo quieto, pensando: el insomnio es mi amigo.”

 

Me hice exámenes clínicos

Y si bien Alberto no veía en su insomnio un problema, accedió a hacerse una serie de exámenes médicos a sugerencia de sus amigos, pasaje que narra amenamente en este curioso libro: “Llegó el momento en que me fui a realizar una serie de análisis para ver qué había de malo en mí, que podía perfectamente no dormir sin sentirme mal al día siguiente. Finalmente descubrí que se trata simplemente de una condición que, además, mucha gente tiene. Hay una parte física y otra cultural, y en este libro le doy prioridad a la parte cultural.”

Elogio del insomnio reúne una serie de ensayos y relatos, casi todos de talante autobiográfico, en los que Ruy Sánchez, a través de una muy personal poética del insomnio, nos desvela partes de su propia vida: su infancia en Sonora, de donde es originaria prácticamente toda su familia (él nació “por accidente” en la ciudad de México); su época de estudiante del Instituto Patria, cuando se trasladaba en Metro y camión desde Atizapán hasta Polanco; cómo conoció a su inseparable Maggie (la doctora Margarita de Orellana, su esposa); sus viajes por lugares tan antagónicos como el Mogador de sus sueños y el París tatuado en la carne, donde, paradójicamente inició la aventura de fundar esa bellísima revista que es Artes de México. Y un capítulo en particular que me fascinó, de un encuentro de escritores en Bali, donde una mujer le dijo al escritor mexicano:

“Aquí, los libros son ofrendas, como las flores, los frutos y las galletas de arroz y el incienso (…) Los buenos libros” (p. 155)

 

Hablo desde el insomnio

“Este libro es una disponibilidad a hablar de las imágenes que me visitan durante el insomnio —señala el autor—. Pude haber hecho un ensayo sobre el insomnio, y naturalmente leí todo lo que pude sobre el tema, pero en vez de un tratado sobre un insomnio, opté por escribir desde él. En el insomnio hay esta condición que es como el cauce de este río, y después las aguas de este río. Si lo hago sobre el insomnio, solo estaría el cauce: puede ser la geografía, la topografía, la construcción de ese canal…pero no la vida que palpita alrededor, que es el agua. Si te das cuenta, cuando menciono hechos del pasado no hay nostalgia, porque el pasado se aparece como presente. Por eso es tormentoso para algunos, porque se te aparecen los demonios también, pero si dejas que te habiten los mejores momentos de tu vida, éstos reaparecen.”

¿Conoces el cansancio?, se me ocurre preguntarle por este personaje prácticamente ausente de su libro.

“Durante toda mi vida he dormido poco, y el cuerpo es el cuerpo, por lo que ocasionalmente tengo que dormir un día completo. Estando en San Petersburgo, me di cuenta que el frío extremo me adormecía y no pude levantarme en la madrugada, como yo quería, para ver cómo despierta el mercado de la ciudad, que es lo que normalmente hago en las ciudades que conozco poco.”

Le comento a Alberto que en sus libros previos ha abordado el sonambulismo, y lo presenta como una condición de las personas poseídas por el amor o el deseo sexual:

“Yo los veo como «los deseantes», los poseídos por el deseo, y aquí tiene mucho que ver qué pasa cuando se te confunden el día y la noche. El insomnio, hasta cierto punto, te convierte en un sonámbulo porque de día estás viviendo esta disponibilidad a los delirios, a las imágenes, a los sueños, estoy anhelando las corrientes del deseo con más fuerza que si estuviera completamente despierto. El insomnio y el sonambulismo conforman una serpiente que se muerde la cola.”

Hay que señalar que a la par de Elogio del insomnio, la misma editorial publicó un poemario titulado Decir es desear, que reúne todos los poemas incluidos en el quinteto de Mogador, de los cuales me permito reproducir unos versos para antojar al lector:  “Y en tus labios/ huellas/ de una leve mordida/ y una lengua tenaz/ en los pliegues leves/ de un beso” (“Tus labios rojos”, fragmento, p. 17)

 

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