En quienes padecen el mal, mejora su calidad de vida

 

René Anaya

Un audaz empresario, Henry Ford, señalaba con un dejo de ironía que “el ejercicio físico es una bobada. Si estás bien no lo necesitas y si estás mal no puedes hacerlo”. Por su parte, el agudo escritor Oscar Wilde, autor de El retrato de Dorian Gray, reflexionaba: “Haría cualquier cosa por recuperar la juventud… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad”.

A pesar de que desde la antigüedad se conoce empíricamente que la práctica constante de algún tipo de ejercicio beneficia la salud, persisten opiniones contrarias al ejercicio y al deporte, probablemente porque no se había descubierto que ocurren cambios moleculares importantes para prevenir la diabetes tipo 2 en el ácido desoxirribonucleico (ADN) cuando se hace ejercicio.

 

Las particularidades de la diabetes tipo 2

La diabetes se clasifica en dos tipos, 1 y 2; en el primero se carece de insulina, por lo que se debe administrar; en el segundao, sí se produce insulina pero no de la suficiente calidad para procesar el azúcar (glucosa), por lo que se prescriben medicamentos que contribuyen tanto a regular los niveles de azúcar como a utilizar de manera más eficiente la insulina.

Se conoce que las personas con diabetes tipo 2 tienen poca o nula respuesta a la insulina (resistencia) en el hígado y las células musculares, por lo que la glucosa no entra en las células y no puede ser almacenada para obtener energía cuando se requiera, por tanto los niveles de azúcar en sangre se elevan.

Se conoce que en los diabéticos tipo 2 ciertos genes metabólicos (intervienen en procesos físicos y químicos del organismo que convierten o usan energía, por ejemplo la respiración y la digestión), como los implicados en el transporte de glucosa y en la regulación de las mitocondrias (estructuras de las células que suministran la mayor parte de la energía), se expresan en niveles inferiores a lo normal; es decir que no se activan adecuadamente para elaborar proteínas, lo que podría estar relacionado con la menor capacidad de respuesta a la insulina.

Esos cambios en los niveles de expresión de los genes podrían ser producidos por la epigenética, su mecanismo “puede ser entendido como un sistema complejo, activando y desactivando diversos genes funcionales. Las modificaciones epigenéticas pueden implicar la metilación [adición de un grupo metilo (-CH3) a una molécula] de residuos de citosina en el ADN y/o cambios en la estructura de la cromatina que regulan la expresión génica”, según refieren Rodríguez Dorantes et al. en “Metilación de ADN: un fenómeno epigenético de importancia médica”, publicado en México en la Revista de Investigación Clínica, en febrero de 2004.

 

Las alteraciones benéficas de los genes

Con esos conocimientos previos, un grupo de investigadores del Instituto Karolinska de Suecia, la Universidad de Copenhague, de Dinamarca y la Universidad de la Ciudad de Dublín, de Irlanda, encabezados por Romain Barrès, realizaron un experimento para comprobar que el ejercicio intenso altera los niveles de energía y de glucosa.

Los investigadores tomaron muestras del tejido muscular del muslo de 14 personas sanas que no practicaban ejercicios, antes y después de que pedalearan en una bicicleta estática por 20 minutos. Encontraron que en genes metabólicos se produce un incremento de su expresión y una disminución del nivel de metilación de sus promotores.

Esos cambios ─aseguran los investigadores en un artículo publicado en la revista Cell Metabolism, a principios de marzo─ se deben a la contracción de los músculos durante el ejercicio, más que a los neurotransmisores o a las hormonas circulantes.

Los resultados parecen indicar que “el ejercicio es una terapia para mantener la sensibilidad de los órganos a la insulina y para prevenir la diabetes”, señaló la doctora Juleen Zierath, coautora del estudio. La mala noticia es que esos efectos no duran más de tres horas.

Sin embargo, la doctora Charlotte Ling, de la Universidad de Lund, Suecia, quien no participó en el estudio, ha sugerido que “si se hace mucho ejercicio se podrán hacer esos cambios epigenéticos, no se cambiará precisamente su expresión, pero en el largo plazo cambiará el genoma. Y se puede estar más protegido contra la diabetes, debido a esos cambios epigenéticos”.

Este trabajo parece corroborar que las modificaciones en el estilo de vida, como la práctica de ejercicio, pueden prevenir la diabetes; es decir que no todo está perdido cuando se tienen antecedentes de familiares diabéticos, ya que genes no son destino, pues también influye el ambiente.

Faltan otros estudios para averiguar si en pacientes diabéticos el ejercicio puede, efectivamente, disminuir la resistencia a la insulina y mejorar sus niveles de glucosa en sangre. Por lo pronto, los pacientes con diabetes tipo 2 deberían considerar la práctica del ejercicio como una terapia más.

 

reneanayas@yahoo.com.mx