Los candidatos hablan y no dicen nada
Jorge Carrillo Olea
¡Viejos dichos, gran sabiduría! “Quien habla poco, yerra poco”, o como dice Proverbios 10:19 “En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente”. Y que cada quien lo interprete como quiera.
Es este cúmulo de sabiduría hasta bíblica que quedó como resaca de la “veda electoral”, una lección: ¡Calladitos! O más bien, hablen todo lo que quieran pero no digan nada. Y así nos vamos poco a poco enterando de millones de palabras, centenas de frases, pero al final nos enteramos exactamente de nada.
Veamos: doña Jose ya se autoproclamó profeta del siglo XXI. Sin ella, nada. México se hundiría. Luego retó a los narcos en Matamoros. Los retó a morir. Se les echó con todo. Nada más que después de la ardorosa arenga, por cierto aclamada, no explicó nada. Habló de una poderosa policía de 150 mil elementos, pero no dijo de dónde la iba a importar. Y vaya que sería un dato. Dejó a muchos esperando el momento luminoso. Pero Gabriel Quadri, que no es tan rebuscado, sólo demanda 400 mil policías. ¿Por qué unos más, por qué otros menos? Nadie explica nada, son sólo saliva y fantasías de ambos.
Enrique Peña sigue en sus carísimos sets ambientados estado por estado, firmando cartelones y prometiendo vaguedades. Devolverá a Acapulco su esplendor. Qué bueno porque beneficiaría a casi un millón de habitantes. Peña parece que decidió encubrirse con esa niebla de guerra que significa ignorar el fondo, el lejos, el todo. Prudentísimo no se quema. Pero sus asesores no le informan que por otros datos elementales, ante tales silencios ya se va consolidando un criterio sobre su verdadera personalidad: amigo de sus amigos, autoritario, dispendioso y de piel muy sensible (su Mesa de la Verdad). Sumándolo, eso es poco alentador.
El Rayito de Esperanza diciendo que está en contra de los cambios estructurales, ¡porque los inspiran “allá arriba”!, sugiriendo a Estados Unidos. Ya dijo amar a los antes odiados Coparmex y también ama a Manuel Bartlett. Y ahora debe estar meditando dónde pone sus cinco refinerías, mientras que ya se olvidó que quería hacer un resort turístico en las Islas Marías. ¡Y así sigue el triste desenfado de los cuatro!
Mientras tanto, el Presidente desde Cartagena reiteró con cólera encendida e irrespetuosa sus vocaciones neoliberales. Desde ahí, dicho para que lo oyeran los Humala, Rousseff, Kirchner y, claro, Obama. También para los ausentes Chávez, Correa, Ortega y los Castro. “Este credo, el mío, es el único que vale”, parece que les fue a propagar. Quizá pensaba: “Se lo digo de frente, así goberné, me cubrí de gloria y ya me voy”.
Y mientras por acá nuestros semidioses siguen enriqueciendo el anecdotario, pero nada más. Nada sobre una nueva justicia, despenalización de ciertas drogas, nada sobre bodas homosexuales, nada sobre aborto, nada sobre Cuba y Latinoamérica, de nuestro migrantes indocumentados nada o cómo hacer pagar impuestos a los superricos. Nada sobre mucho más.
Así, pareciera que verdaderamente divagan por un mundo raro y que lo que producen entre la opinión interesada en la evolución del mundo es azoro. Azoro porque no dicen nada, nada. Tendrían tanto que explicar, tanto que analizar, tanto que plantear, y no sus acometidas triviales. ¡Hay tanta necesidad intelectual, de honestidad, de sobriedad, majestad e inteligencia! Y no necesariamente de un coeficiente intelectual alto, que ninguno lo posee, sino de un juicio sereno.
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…Suspensivos. Mediante indiscreción del presidente de Perú, nos hemos enterado de que Calderón en Cartagena aceptó que “el crimen organizado ha suplantado al gobierno en ciertas acciones”. Esta declaración es una tácita rendición ante su enemigo.
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