Nada le sale bien

 

René Avilés Fabila

Josefina Vázquez Mota no sólo representa a la derecha, representa el triunfo de la antipolítica. Es producto de una formación de escuelas privadas donde no le enseñaron el sentido de los problemas sociales. La educaron para el éxito en la esfera de lo privado. Como todo panista, desconoce las funciones precisas del Estado. Su discurso es vago y lleno de frases cursis. Se ha apoyado con una metodología mal copiada del PRI, al que odia, y fórmulas de autoestima, las que sólo han probado su eficacia en las acciones de falso altruismo. La derecha mexicana, perfectamente identificable, ha ganado porque las otras posturas lo han permitido al no articular un discurso agudo e inteligente.

Pero dentro de su partido, ha sabido moverse. Su tacto tiene un sentido entre personas de mala cultura y recursos intelectuales muy limitados. Necesita al menos un asesor que conozca la historia patria y sus grandes luchas, no los tramos que las monjas y maestros de escuelas primarias le dijeron durante años. Ha tratado de ser una hija rebelde, como su ídolo Felipe Calderón lo fue desobediente. Pero los tiempos han cambiado y si antes había algún entusiasmo en el PAN, hoy prevalece la mediocridad que la cúpula le ha dado. Basta con ver a Calderón y a los miembros de su gabinete, de todos no se hace uno.

La señora recibe fuego a granel, pero no de sus rivales, sino de sus propios compañeros. Sabe que no cuenta con Ernesto Cordero, pero lo busca. ¿Para qué? Es un perdedor nato. Santiago Creel podría tener algún sentido, al menos sabe lo que es perder procesos electorales. Josefina va mal, no avanza. Supone que su deber es atacar al puntero, pero si lo sigue haciendo, tendrá que recurrir a nuevos argumentos, no a los manidos que ya Andrés Manuel López Obrador gastó. Ideología firme, decidida, no la tiene. Ha buscado apoyo en personajes, vivos y muertos, lamentables en cuanto a sus conductas políticas. Su campaña es un total fracaso, pero en busca de optimismo, dirige sus disparos en contra de quienes ni siquiera la consideran. Debe comenzar por enfrentar valientemente a los propios panistas y buscar la reorganización radical de su campaña, donde nada le sale bien. No será mostrándose con shorts que ganará votos. Al contrario, ha perdido en eso valioso tiempo para acercarse a un pueblo que por dos veces ha votado por el PAN, pero que parece que no lo hará más. ¿Dónde está el discurso nuevo de Vázquez Mota, sus nuevos acompañantes, un programa de grandes propuestas? En ningún sitio, responde ante cualquier problema acusando al PRI.

Como López Obrador, Vázquez Mota supone que en las críticas al PRI está la razón del triunfo. Si consigue, en estos días, no hay tiempo para más, articular una campaña de propuestas y en lugar de ir a comprar quesadillas para que los paseantes piensen que es una mujer común (que lo es), comienza a identificar los males de su partido y de la nación, habrá logrado un gran avance. Hace unos días, un agudo periodista decía que Enrique Peña Nieto no es el gran estadista, pero que la pequeñez de sus rivales como ella misma y el falso amoroso que es López Obrador lo han elevado a las alturas. Estos dos últimos confían en los dos debates oficiales, pero si a ellos van a llegar con un arsenal de insultos y a probar que Arturo Montiel, Carlos Salinas y Televisa son los que mueven los hilos del PRI actual, saldrán derrotados.

 

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