Extorsionar: cómodo y rentable
Jorge Carrillo Olea
¡Cuántas quejas se esparcen denunciando cómo avanza la criminalización de nuestra vida! Cada día son más los pobladores que son agredidos de alguna forma. Los delitos de alto impacto proliferan, aparecen y se esparcen en cantidades que angustiaban al pueblo en lo general, que eran sólo temas de amargos comentarios y que pasado el tiempo siguen siendo un flagelo. Se sigue asesinando de maneras crudelísima, mutilando, secuestrando, violando.
Además de ellos, hoy la extorsión como fórmula para lograr el dinero fácil va viento en popa. Está de moda y los extorsionadores no pertenecen a las grandes mafias. Se encuentran en casi todas las clases sociales. Se extorsiona hasta como aventura o sólo para completar para el reventón. Es una clara muestra de degradación social. Nuestra sociedad se está crimininalizando. ¡Obvio! Todos los pequeños, medianos y grandes delincuentes vienen de ella. Es un problema, además de penal, de carácter sociológico y la autoridad no lo ha visto aún. Siguen con la ceguera de aplicar el hierro y el fuego como único recurso.
Es fácil, cómodo y rentable extorsionar. La víctima pretendida está en un variadísimo catálogo. Se extorsiona desde dentro de las cárceles y se opera obviamente afuera. Hay equipos, es gente joven y no necesariamente urgida de dinero, es casi un deporte. La víctima es fácil escoger: particulares, pequeños y medianos negocios, son los preferidos. Por eso hemos visto que tantos prefieren cerrar. Hemos mexicanizado el término y le llamamos “derecho de piso”. El robo menor y sin violencia o violencia mínima está en todas partes.
Son también gente joven, pequeños delitos que amilanan terriblemente a la sociedad. Pareciera que hay urgencia de ser más eficientes. Siendo un problema de raíces sociológicas, algunos gobernantes y sectores de opinión, como respuesta simplona por ignorancia o por salir del paso, crean u opinan sobre nuevas formas delictivas o aumentan irresponsablemente las sanciones a las ya existentes. Hoy los reclusorios cuentan con un porcentaje de más de 60% de su población que ha cometido delitos que antes se resolvían por el avenimiento, por la justicia alternativa o por vía de la fianza. Y de ello se ufanan las autoridades (Estado de México).
Mientras el delito de cuello blanco se beneficia de una impunidad sin límite por sus crímenes financieros, fiscales, comerciales, económicos, o sociales, mientras los grandes capos caen por decenas pero aun con ello todo está peor, el mundo de abajo, los que sudan en el metro, los que comen una torta de tamal por todo alimento rumbo al trabajo, los que sudan en el surco, ellos y millones más está sometido a una presión constante, ven amenazas por todas partes y no son paranoicos. Y el ¿omnipotente Estado?
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…Suspensivos. Poiré nos tranquiliza: “En Morelos la inseguridad no es tan grande”. ¡Cómo idiotiza el poder! ¿A dónde le enviamos los cuerpos desmembrados de cuatro adolescentes? ¿A dónde los cadáveres encontrados en las carreteras o los de las fosas comunes de Tres Marías? ¿A dónde pueden ir a insultarlo familias terriblemente lastimadas por homicidios, violaciones, robos y demás? ¿A dónde vive para enviárselos, monsieur? ¡Qué verde está usted!
hienca@prodigy.net.mx
