Un goya para Jorge y Miguel
Yazmín Alessandrini
Con menos de 48 horas de diferencia, la Facultad de Derecho de la UNAM perdió el pasado fin de semana a dos de sus más prominentes egresados: Jorge Carpizo McGregor (1944-2012) y Miguel de la Madrid Hurtado (1934-2012).
Uno como rector de la máxima casa de estudios del país, como procurador general de la república y como primer titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos; otro como secretario de Programación y Presupuesto, como presidente de la república y como director del Fondo de Cultura Económica… Jorge y Miguel jugaron un papel preponderante para que el México de la actualidad los tuviera bien presentes por sus valiosas aportaciones en distintos órdenes.
A Carpizo McGregor le tocó uno de los rectorados más trascendentales en la historia moderna de la UNAM (1985-1989). El fue el artífice de que nuestra Universidad diera los primeros pasos hacia un nuevo modelo, aunque lamentablemente varias de sus reformas diseñadas y que venían incluidas en su diagnóstico Fortaleza y debilidad de la UNAM no se ejecutaron debido a la huelga de 1986-1987. Unos años después, su actuación al frente de la Procuraduría General de la República fue definitoria para que la crisis en Chiapas con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional no se recrudeciera como muchos temieron.
A De la Madrid Hurtado, por su parte, le correspondió sortear una época aciaga y complicada desde Los Pinos (1982-1988). El inicio de su administración fue marcado por una terrible crisis económica heredada por los desatinos de José López Portillo; igualmente tuvo que resolver un par de circunstancias dramáticas cuando se presentaron las explosiones de San Juan Ixhuatepec, Estado de México, en 1984 y un año después con el terremoto de 8.5 de magnitud Richter que devastó la ciudad de México el 19 de septiembre de 1985. Muchos adjetivaron su gestión presidencial como “gris y mediocre” pero lo cierto es que fue “sobria y austera” (obviamente gracias a las circunstancias). Por su posgrado en Administración Pública en la Universidad de Harvard muchos lo catalogaron como el primer “tecnócrata” en la historia de México.
Afortunadamente, cuando estuvo al frente del FCE tuvo un entorno más favorable que cuando fue presidente de la república, lo que se tradujo en un impulso inusitado para dicho fondo.
Más allá del hecho de que tanto Carpizo como De la Madrid ostentaron cargos sumamente sensibles en el organigrama gubernamental y que en el ejercicio de éstos sus decisiones impactaron (positiva y negativamente) a millones de ciudadanos, está más que claro que el comportamiento de ambos siempre fue institucional a rajatabla, siempre viendo por los mejores intereses de la nación.
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