James Cameron desciende a la fosa de las Marianas, a 10 mil 898 metros
René Anaya
James Cameron no está filmando ─todavía─ una película, aunque probablemente algunas de sus tomas se incorporarán a la segunda parte de Avatar, pero por el momento su viaje de exploración le ha permitido convertirse en el único hombre en haber logrado filmar a una profundidad de 10 mil 898 metros.
El 26 de marzo pasado, el submarino Deepsea Challenger, diseñado específicamente para descender al fondo del mar, llevó a James Cameron a la fosa de las Marianas, el lugar más profundo de la superficie terrestre, localizado en el océano Pacífico Noroccidental, al sureste de las islas Marianas, cerca de la isla de Guam.
Una exploración a fondo
El descenso de Cameron, patrocinado por National Geographic, Rolex y el propio director de cine, representó la reanudación de los viajes tripulados de exploración a profundidad en nuestro planeta, pues desde que el oceanógrafo suizo Jacques Piccard y el teniente de la Armada estadounidense Don Walsh se sumergieron a 10 mil 916 metros en la fosa de las Marianas, en enero de 1960, ningún otro ser humano había vuelto a visitar el fondo del mar.
Lo que sí se había hecho era enviar naves no tripuladas a ese sitio. En 1995, la nave japonesa Kaiko descendió hasta 10 911 metros y tomó las primeras fotografías de la vida marina en esa zona: un pepino de mar, un gusano y un langostino. En junio de 2009, el robot estadounidense Nereus alcanzó una profundidad de 10 mil 902 metros.
La profundidad de la fosa ha sido motivo de varias mediciones, ninguna igual. En 1951, por medio de ecolocalización se estimó en 11 mil 12 metros su profundidad; en 1957, al inicio de la era espacial, la nave soviética Vityaz calculó en 10 mil 934 metros su fondo; cinco años después, el navío Spencer F. Baird informó que la profundidad era de 11 mil 22 metros.
Recientemente, en diciembre de 2011, se dieron a conocer datos más precisos sobre las dimensiones de la fosa de las Marianas y su lugar más profundo, el abismo Challenger, que recibió ese nombre en honor de la fragata que lo sondó por primera vez, en 1872.
Según estudios del Centro Cartográfico para Costas y Océanos, de los Estados Unidos, la fosa tiene una longitud de 2 mil 500 kilómetros, una anchura de unos 60 kilómetros y una profundidad de 10 mil 994 metros en el abismo Challenger. La medición se realizó con una ecosonda multihaz colocada en un barco hidrográfico de la marina estadounidense.
Ese lugar tan poco conocido es producto del hundimiento (subducción) de la placa del Pacífico bajo la placa de las Marianas, como consecuencia de esto, se forma un “cinturón de fuego” que genera terremotos, y donde surgen volcanes fríos.
Un viaje a profundidad
La dificultad para llegar a esas regiones profundas ha impedido su exploración. Los especialistas consideran que 65 por ciento de la superficie del planeta corresponde al océano profundo, del cual menos de 0.01 por ciento del suelo oceánico profundo ha sido estudiado a detalle, a pesar de que allí se encuentra la mayor biodiversidad de la Tierra.
La oceanógrafa Sylvia Earle ha referido que “el océano es el sistema de soporte vital de la Tierra, el corazón azul del planeta, clave para el clima, la química planetaria […] Los mapas de alta resolución de la icónica fosa de las Marianas pueden inspirar acciones para llenar los espacios blancos para el resto de la superficie de la Tierra bajo el mar. Por lo mínimo deberíamos tener un buen mapa de la parte de la Tierra que nos mantiene vivos”.
En esas condiciones, la misión de Cameron al fondo del mar puede contribuir a reactivar el estudio de la última frontera del planeta, que tiene 50 veces el tamaño del Cañón del Colorado, presiones mil veces mayores a las que se encuentran en tierra firme, temperaturas entre cero y dos grados Celsius y, por supuesto, la oscuridad total.
En el submarino Deepsea Challenger, de color verde, de 11 toneladas de peso, siete metros de largo y un compartimiento para el piloto, que consistió en una esfera de metal gruesa, con un diámetro interno de 109 centímetros, es decir un espacio apenas suficiente para estar sentado, sin estirar brazos ni piernas, fue el vehículo ideal para la más reciente exploración.
En esa nave, James Cameron descendió por dos horas al abismo Challenger, donde tocó fondo en una zona lisa cubierta de fango, desde la cual se desplazó por tres horas para hacer algunas tomas y recoger muestras de rocas, organismos y agua.
El resultado de su expedición se dará a conocer dentro de algún tiempo, cuando se terminen los análisis de las muestras y de las imágenes captadas en esa profundidad oceánica. Por lo pronto, James Cameron, National Geographic y Rolex han logrado llamar la atención hacia ese mundo aún inexplorado, del que probablemente depende la vida en la superficie, ya que estudios recientes parecen demostrar que desempeña un papel importante en la regulación del clima.
reneanayas@yahoo.com.mx
