René Avilés Fabila

Con el inicio de las campañas, arrancaron las descalificaciones y las ofensas, más que las propuestas, sobre todo de aquellos dos que van debajo de Peña Nieto: Vázquez Mota y López Obrador. Ambos tratan de obtener mejor puntuación basando sus discursos en agresiones simplistas. La primera dice que los mexicanos no queremos más de lo mismo y pasa de rica a pobre al comer en casas humildes.

El segundo opta por una política inversa: ya se aburrió de los pobres que no lo condujeron a la presidencia y ahora se reúne con empresarios y banqueros para tranquilizarlos, les irá bien porque también les brindará más de lo mismo.

A la primera le queda contarnos lo pobre que fue de niña y nos dice que es el producto del esfuerzo y la tenacidad porque hasta su marido se oponía a que fuera política y ya ven, ahora, luego de desear ser viuda, como en el libro de autoestima que escribió, la acompaña su marido en calidad de príncipe consorte y él, que la quería en la cocina.

López Obrador es el antimemorioso, todo lo olvida, hasta sus principios y lo hace así porque a imagen y semejanza de Groucho Marx, tiene otros principios, según el caso. Todo lo que no le sirve lo olvida. Allí están personas como René Bejarano y Gerardo Fernández Noroña, que se partieron el alma siguiéndolo en sus guerras demenciales: ya no los recibe ni les habla, los niega. Y algo más, acusa a sus rivales de ser el PRIAN cuando es el PRD, uno de sus postulantes, quien ha hecho alianzas eficaces con el PAN.

Todavía hoy, ningún analista político descarta la posibilidad de que haya alianza virtual entre Vázquez Mota y López Obrador para llevar a cabo una operación de pinzas que baje a Peña Nieto del primer lugar.

Llama la atención que todos utilicen la misma expresión de “no queremos más de lo mismo”. Pareciera que todos tienen razón. El PRI está harto de doce años de fracasos del PAN, éste jura que no quiere más del PRI, cuando sus métodos, los de Josefina, son idénticos a los del pasado priismo. El PRD no sé de qué habla si es resultado del peor PRI, el de los resentidos.

 De todos los aspirantes a la presidencia, es Gabriel Quadri el que menos miente. Ya dijo que sí permitirá la intervención privada en Pemex y que seguirá la guerra contra el crimen organizado, tal como la lleva Calderón, hasta no tener una policía eficaz y bien preparada y armada. Es decir, nunca.

Su relativa sinceridad, que empezó visitando peces en Veracruz, está basada en una certeza: no va a ganar nada, ni siquiera conseguirá mantener el registro del partido de la perversa Elba Esther Gordillo, quien ya siente pasos en la azotea, como dice la expresión coloquial: ningún partido la quiere cerca y sólo Quadri la acepta con generosidad, al menos lo ha hecho popular porque arrancó la campaña con menos de un punto. Salvará a López Obrador del penoso último lugar en la carrera presidencial.

Pero falta mucho tiempo, aunque sean sólo tres meses para la votación presidencial, tres meses intensos, de muchísimo trabajo, de una permanente actitud defensiva del PRI y de una guerra total del PAN y de las mal llamadas “izquierdas”. La pregunta es: ¿resistirá Peña Nieto, la resistirá el PRI con su larga cola que le pisen? Esto quizá sea lo más interesante de una campaña sin árbitro real.

Falta saber cómo reaccionará una sociedad que ya da muestras de fatiga ante un sistema de partidos inoperante y candidatos poco creíbles.

 

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