El próximo 1 de julio


 

Yazmín Alessandrini

El próximo 1 de julio no sólo se disputará la Presidencia de la República. De acuerdo con la agenda, ese domingo también se dirimirá el destino de diputaciones, senadurías, la jefatura del Distrito Federal y el recambio en seis gubernaturas, entre ellas la de Tabasco, entidad que históricamente ha “pertenecido” al PRI.

Sin embargo, de cara al proceso que arrojará al sustituto del químico Andrés Granier Melo, la jettatura tricolor que durante 83 años se ha mantenido está en grave riesgo de romperse con la candidatura del senador con licencia Arturo Núñez Jiménez, quien tras varios años de sólida militancia priista marchó al PRD convencido de que desde ahí arrebatarrá de las garras de la negligencia y la corrupción a 2.3 millones de tabasqueños que claman por un cambio.

Y frente a una taza de café, el único hombre en la historia de la política mexicana que ha sido electo vicepresidente del Senado en tres periodos anuales consecutivos se sincera y habla de sus aspiraciones, pero sobre todo hace un objetivo pero a la vez aterrador diagnóstico de la realidad actual tabasqueña:

“El diagnóstico del estado es pavoroso. Con el gobierno actual no hay claroscuros como debe ser en toda obra humana donde puedes decir «esto está bien, esto está muy bien, esto está regular, esto está mal, esto está muy mal». ¡Aquí todo está pésimo!”, explica el ex director general del Instituto Federal Electoral de 1993 a 1995.

Al día de hoy, de acuerdo con las encuestas (¡las diosas encuestas!), Núñez Jiménez se encuentra en estupenda posición respecto al segundo lugar en las preferencias, el priista Jesús Alí de la Torre, quien por cierto fue secretario particular de don Arturo.

“Hay tres cosas —dice don Arturo— que nos pueden dar el triunfo: la primera, mi capacidad de convocatoria, porque después de 37 años de priista yo no me peleé con todos ni me volví antiprí, simplemente me salí por romper con Roberto Madrazo y en ese sentido la gente me ubica como el hombre de la experiencia, el conocimiento, la honorabilidad y las relaciones. En segunda instancia, tenemos a un gran aliado en el actual gobernador, quien goza de un enorme desprestigio y descrédito en términos de negligencia y corrupción. Yo sé que no todo es su culpa, pero ha sido incapaz de implementar esquemas viables de desarrollo; y, en tercer lugar, al llamado «efecto López Obrador», que ya lo medimos en el 2006 cuando derrotó a Roberto Madrazo”.

“Don Arturo, ¿hay puntos de coincidencia con el proyecto lopezobradorista?”, cuestioné.

“Yo encontré en el diagnóstico y en la propuesta de Andrés Manuel una gran identificación y viabilidad. La política económica necesita de ajustes y mi cambio no lo veo como un tema ideológico sino como una necesidad si no queremos que el país se nos vaya de las manos, como lo dijo alguna vez don Miguel de la Madrid”.

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