Se topará con un iceberg
René Avilés Fabila
Se cumplen cien años del naufragio más famosos de la historia, el más dramático. El barco más fuerte, poderoso y grande se hundió en su primera travesía a causa del choque con un iceberg en aguas del Atlántico. En realidad, si no fuera un hecho doloroso por el costo en vidas, sería una parte importante de la estupidez humana: el buque incapaz de hundirse hizo agua en su primer viaje. Se han hecho tres filmes sobre la historia del Titanic, infinidad de documentales y escrito miles de artículos y libros. Hasta museo tiene y los mexicanos nos ponemos sentimentales y cursis porque allí viajaba un caballero mexicano que cedió su lugar, quizá al tío abuelo de Leonardo di Caprio, y murió.
Ahora, a cien años de la tragedia, el PAN se ha subido en un Titanic político. Al frente va la “Jefa”, mismo mote que le daban a la esposa de Vicente Fox cuando éste era presidente de México. La economista y madre, según sus propias palabras, la mujer que ha puesto millones de suelos firmes y tiene las manos llenas de cemento, ha inventado su relanzamiento, pero lo ha hecho sin pensarlo mucho, sin recordar que Fox y Calderón triunfaron porque fueron a contracorriente en todo: Fox se impuso al PRI y Calderón al propio Fox, quien veía en Santiago Creel a su sucesor. Ella ha sido dócil, como Cordero.
Ahora Vázquez Mota, que comenzó bien, antes de ponerse el quepí de almirante o “Jefa”, dio una gran pelea, doblegó a Calderón y a su delfín Cordero quien iba acompañado por lo más selecto del PAN, Madero incluido. Ya con el triunfo en la mano, la señora no supo qué hacer más que insultar al puntero: el PRI. En México, como en otras partes del mundo, las elecciones se ganan con grandes proyectos y propuestas, no sólo con ataques. En tal sentido Fox supo canalizar su especialidad, las críticas, porque México estaba harto del PRI y porque era un tipo distinto y audaz en extremo, listo, tanto que hoy ve al PRI que derrotó, nuevamente en Los Pinos. Nunca tuvo una propuesta, salvo la de echar a la “dictadura perfecta” del poder.
Pero los tiempos han cambiado y Vázquez Mota hace alarde de su inconsistencia política. De seguir así las cosas, un muy disminuido López Obrador le dará alcance. Ahora la rodean sus antiguos rivales. La señora los puso a todos a su lado y supone, de buena fe quizá, que le sirven de algo. No. El discurso que no le funcionó sigue siendo el mismo, el que le impidió llenar un estadio o la llevó al ridículo de ser rechazada por comensales modestos.
De nueva cuenta la vemos y escuchamos diciendo lo mismo, tratando de probar que el PRI es la peor tiranía universal. Por allí se le va el tiempo, sus propuestas son inexistentes, del mismo modo que las de López Obrador son irrealizables y demenciales, ocurrencias, humoradas, pero algo propone al tiempo que insulta al “PRIAN” y jura que es un amoroso que ha dejado la violencia sepultada. Vázquez Mota nos cuenta su vida con voz meliflua y habla de hazañas imposibles de probar en materia educativa y desarrollo social. Es obvio, carece de experiencia política, así que pronto se topará con un iceberg y se hundirá para sólo salvarse del último lugar en el trasatlántico gracias al señor Quadri, moderno caballero que le cederá su lugar en la lancha salvavidas.
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