Visita de Benedicto XVI
Carlo Pizano
Vino Benedicto XVI a México, y no se cayó el Estado Laico. Muy por el contrario, se fortaleció. El Papa como jefe de Estado fue respetuoso del proceso electoral que vive México, a grado tal que ni lo mencionó. Lo comentamos en este mismo espacio la semana pasada que su visita era esencialmente pastoral. Y fueron a escuchar a su pastor decenas de miles de personas de todo el país. Lo saludaron, lo festejaron, lo acogieron y hasta le pidieron que se quedara. El Estado mexicano atendió no sólo al gobernante de la Ciudad del Vaticano sino al líder religioso de la mayoría del pueblo mexicano.
Desde la presencia de los tres poderes federales en el recibimiento en el aeropuerto el viernes con la presencia del presidente Felipe Calderón, los presidentes de las mesas directivas del Senado y de la Cámara de Diputados, José González Morfín (PAN) y Guadalupe Acosta Naranjo (PRD), y el ministro de la Suprema Corte de Justicia Sergio Aguirre Anguiano. Gobernadores no sólo el de Guanajuato sino también de Zacatecas, Estado de México y Jalisco estuvieron en algún momento de la visita.
Efectivamente, la realidad de un Estado laico es resultado de la plena vigencia del derecho humano de la libertad religiosa.
Los medios de comunicación, que en la actualidad suelen tener un contenido editorial contrario al mensaje de la Iglesia (claro, la fe católica entra en contraste con muchos antivalores que se divulgan sobre todo por los medios electrónicos) no tuvieron más remedio que dar una cobertura casi total de la presencia del “sucesor de Pedro” en tierras mexicanas.
Y los medios divulgaron algo que no se puede ocultar: los fieles católicos salieron a las calles una y otra vez. Para algunos bastaban unos cuantos segundos y tener la satisfacción de haber visto a un anciano de 85 años que traía un mensaje que siempre será nuevo y refrescante.
Benedicto XVI pronunció dos homilías. Una en el Parque Bicentenario Guanajuato y otra en la Catedral de León, ambas el domingo. En la misa multitudinaria (640 mil personas es la cifra oficial), habló de los salmos y del evangelio. Desde una perspectiva política el tema central fue la libertad religiosa. Del derecho del ser humano a naturalmente dirigirse, reunirse, y a pensar sobre una realidad sobrenatural que es Dios y que representa el auxilio requerido ante el reconocimiento de las debilidades humanas para afrontar los problemas ayer y de hoy de la humanidad. A los obispos de México y de América les pidió cercanía con los sacerdotes, no sólo para animarlos sino para corregirlos ante actitudes improcedentes, dijo.
Sin embargo, Joseph Ratzinger tuvo siempre presente los difíciles tiempos por los que pasa México. Consciente de los males, especialmente la violencia, derivados del crimen organizado, el Papa dio esperanza y pidió valentía. Al despedirse el lunes ante el presidente de la república y su esposa Margarita Zavala, pidió a los mexicanos no amedrentarse.
Para las mujeres y hombres de fe, recordó Benedicto XVI, aunque se esté en presencia de un “poder prácticamente implacable e imposible de superar”, siempre hay esperanza.
