Aprendiz de brujo político

 Jorge Carrillo Olea

Es demasiado pronto para figurarse como el sol de Enrique Peña. No le hace bien a su jefe ni a sus propias ambiciones, pero no se contiene. Un ejemplo de lo contrario, quizá, hubiera sido José Córdoba y eso que la comparación entre el talento de Carlos Salinas y el de Enrique Peña es sencillamente imposible. Córdoba con su gran poder nunca opinaba en público, todo era discreto. Nunca tomó el riesgo de aparentar opacar a Salinas, Luis Videgaray no tiene esos escrúpulos.

Videgaray llegó ayer. Sale del despacho y de una empresa de Pedro Aspe para incorporarse al gobierno naciente de Enrique Peña. Siendo muy bien formado, hizo, era lógico, un excelente trabajo en el área de finanzas. Es su materia. Luego fue una avanzada de Peña ante el Congreso donde a pesar de sus buenos hábitos, de sus suaves maneras, no se entendió con los tolucos, la otra ala de la avanzada peñista. Con unos, sus desavenencias vinieron por el miedo de éstos ante su clara superioridad. Con Rojas las disputas fueron entre el orden presupuestal que él defendía y el manejo sectario del dinero que aquel quería.

Y así se metamorfoseó en aprendiz de brujo de la política y empezaron los problemas. A los tolucos alrededor de Peña no les pasa. Para ellos es un arribista que los viene a desplazar en los afectos y confianzas de Peña, eso es verdad. Aceptan su inteligencia y preparación, sus habilidades en la relación humana y su cultura económica. Su arribismo lo juzga también ideológico y en esto en particular no tienen razón. El derechismo lúcido de Videgaray contrasta con el derechismo abollado que esos dinos quieren ocultar.

Es una pena, pero Videgaray ni idea tiene ni le importa el lema del PRI, “Democracia y justicia social”. En su momento regaló senadurías y diputaciones absurdas, con usos autócratas sin consulta a los pueblos afectados. Dice un candidato a senador defenestrado que todo lo arreglaban en un campo de golf y que le ha prometido un puesto en el gabinete. Seguramente son faroleos pero aún así son indicios de una personalidad incontrolada.

De estas dos formas de ser de derecha, esto es, por un lado creer ciegamente en el capital, el rédito y la supremacía natural, que sería Videgaray; y la otra, los tránsfugas ideológicos del priismo, los enconchados ante los retos vitales, los vergonzantes de su ultramontanismo, en una palabra, los dinos.  A éstos su voracidad y complejos los predisponen contra Videgaray. Por lo pronto como decisión de Peña están escondidos, estorban políticamente.

Hoy así están las cosas. Tal vez Enrique Peña en sus desvelos piense: “No puedo salir a escena con estos rancios impresentables, pero significan mis raíces”; “No puedo descobijar a Luis, es mi fabricante de ideas y prácticas eficientes”. ¡Son los dilemas de las derechas! ¿A cuál elegirá Enrique Peña?

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…Suspensivos: Del atole producto del debate cayeron tres pequeñas perlas: doña Jose no sabe que existe algo llamado mar patrimonial o zona económica exclusiva, lo confunde con mar territorial. Quadri se confunde, Cisen nunca se planteó como órgano de investigación criminal, aunque sí lo han destrozado. Andrés Manuel López Obrador quiere que el Estado desaparezca al repartir los tres billones del presupuesto entre todos los mexicanos. Y ya se rayó su disco de “los que mandan”, “Salinas” o “los corruptos de siempre”.

 

 

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