Gerardo Yong
La revolución de Jazmín fue una secuencia de hechos que culminaron en cambios dramáticos en distintos países como Túnez -donde las autoridades abandonaron el poder ante la presión popular- o Egipto, cuyo presidente Hosni Mubarak, quien había gobernado por décadas, fue obligado a dejar el poder en manos de una junta de transición militar. El movimiento también se extendió a Libia, ocasionando el derrocamiento del Líder Muammar Gadhafi. En Argelia y Marruecos también se registraron protestas y disturbios prodemocráticos.
El embajador de Marruecos en México, Abderrahman Leibek, comentó a Siempre! los efectos de este fenómeno social en su país, a poco más de un año de que se iniciara.
¿Qué cambios ocasionó la llamada Revolución de Jazmín en Marruecos?
Nos afectó más bien de forma positiva. Marruecos difiere bastante de las otras naciones árabes, sobre todo, de su entorno en el norte de Africa. Desde que consiguió su independencia, Hassan II dejó establecido en la constitución de 1963, que un régimen de un solo partido estaba prohibido. En su lugar, favoreció un sistema pluripartidista, de libertad de prensa con todas las orientaciones políticas, respeto a movimientos sindicales, etcétera. Ha sido, en general, un país de mucha tolerancia no solamente en lo político, sino en lo social y económico. Se puede decir que es una democracia controlada. Un régimen totalitario, pero sin caer en una dictadura. Contrariamente a otros países árabes que han sido monarquías de tipo feudal o regímenes militares.
¿Ese movimiento afectó el proyecto económico de la Unión del Magreb Arabe?
En realidad, ha sido más un proyecto que una realidad desde que se acordó en 1983, en Marrakesh. En esa ocasión lo firmaron el rey Hassan II, de Marruecos; el presidente de Argelia, Chadli Benjedid; el presidente de Mauritania, Muawiya Uld Taya, y el mandatario libio, Muammar Gadhafi. Estos cuatro países se propusieron crear la unidad magrebí y empezó a funcionar de manera teórica, ya que en la práctica no ha tenido muchos resultados, debido a problemas regionales, como el cierre de las fronteras entre Marruecos y Argelia por la crisis del Polisario. Hay poca complementariedad económica. Sin embargo, si se llegara a plasmar como se planeó, el Magreb se convertiría en una potencia económica porque hay muchos recursos: el petróleo y gas, de Argelia y Libia; los fosfatos, agricultura y pesca, de Marruecos y Túnez; el hierro y minerales, de Mauritania. Si estos países lograran unirse sería un detonador económico, no sólo para el norte de Africa sino para Europa y los vecinos africanos.
¿El problema del Polisario se vería beneficiado por ese movimiento?
Yo soy del sur del Sahara y viví ese problema. La crisis fue heredada por el colonialismo español a los marroquíes, que siempre fueron saharauis, somos de la etnia berebere y el Islam es nuestra religión. En realidad, no hay ninguna diferencia entre un saharaui y un marroquí. Incluso las tres dinastías que han gobernado Marruecos son del sur, eran saharauis; la dinastía actual del rey Mohammed VI es saharaui también. La Organización de las Naciones Unidas ha tratado de resolver esta cuestión desde los años 60. Los saharauis aprobaron un cuerpo electoral para que se llevara a cabo la identificación de personas que participarían en un referéndum por la autodeterminación. En agosto de 1994 yo participé en ese proceso como observador marroquí, al lado de contrapartes del Polisario y de la Unión Africana. Terminamos en diciembre de 1999 con un desacuerdo sobre las cifras de personas que tienen derecho a votar en el plebiscito de separación. Uno de los problemas fue que no había certidumbre en el conteo porque mucha gente era nómada. En 2007, Marruecos presentó un proyecto de autonomía, pero el Polisario tampoco lo aceptó y la situación sigue sin resolverse.
¿En qué situación se encuentran los campamentos de refugiados en la frontera con Argelia?
Yo fui miembro del Polisario. Los refugiados llevan una vida muy difícil que no tiene sentido, viven una situación infrahumana, dependiendo de la ayuda internacional, pudiendo entrar en su país y seguir reivindicando el proyecto de autonomía, que es una forma de independencia, de soberanía.
Ellos siempre dicen que Marruecos es un país invasor. Marruecos presionó y negoció con España. En 1975, llevó a cabo la Marcha Verde para liberar al país del colonialismo español. España misma entregó el Sahara a Marruecos sin necesidad de disparar un solo tiro. Marruecos ni agredió ni invadió el Sahara. Nadie mejor que España conoce mejor la historia del Sahara porque ellos estuvieron ahí 75 años. Al haber entregado el Sahara a Marruecos es un hecho explícito de que éste pertenece a Marruecos.

